Patio Casa Lobato

Imagen: Manuel García

martes, 29 de mayo de 2012

Fallas

Aunque con algo de retraso... lo prometido es deuda. 

Antes de empezar con el contenido del post, deciros que por el momento estoy recuperándome muy bien, despacio, muy despacio, pero parece que empiezo a ver una salida. Estoy engordando gramo a gramo. Vamos que por un puñado de calorías... mato, como diría la Esteban.


(Monumento Fallero)

No pretendo hacer un estudio sobre la historia de los fallas y su funcionamiento, sólo quisiera que aquellos que sólo ven un monumento que se quema cada año cuando llega el 19 de marzo, conozcan un poco más esta fiesta y lo que significa para los valencianos en todos los ámbitos.

Cuenta la leyenda que en la antigüedad los artesanos y carpinteros de la ciudad de Valencia, con la llegada de la primavera, sacaban a la calle los "parots" (un palo con brazos para colgar velas y candiles con los que alumbrarse en los días de invierno) y les prendían fuego, junto con virutas y maderas inservibles de sus talleres. Los vecinos aprovechaban estas hogueras para limpiar sus hogares de trastos viejos. No tardaron en empezar a "vestir" los "parots" con ropas viejas hasta darles el aspecto de muñecos, lo que ahora se conoce como "ninots". Y más adelante, a algún vecino gracioso se le ocurrió juntar varios "ninots" para describir algún suceso ocurrido en el barrio. 

En la actualidad cada falla gira en torno a un tema central y las escenas que la rodean se explican a los visitantes mediante carteles, escritos generalmente en verso.


(Canción "El Fallero" interpretada por Francisco.)

En la actualidad se "plantan" 385 fallas grandes y la misma cantidad de infantiles, sólo en la ciudad de Valencia, más 250 aproximadamente en los pueblos de la provincia.  Las Fallas son entidades sin ánimo de lucro compuestas por las Comisiones Falleras (faller@s). Cada comisión elige cada año y democráticamente a su Presidente y Presidente Infantil de entre los candidatos presentados. El Presidente nombrará una Junta Directiva (Vicepresidente, Secretario, Tesorero, Delegados varios, etc.), que serán los encargados de administrar y organizar las actividades de la entidad. La Fallera Mayor y Fallera Mayor Infantil, se suelen elegir por antigüedad en el caso de que haya más de una candidata, a excepción de la s Falleras Mayores de Valencia elegidas por un Jurado.

Los actos más importantes de la fiesta fallera son de muy distinta índole y comienzan con la Proclamación de las Falleras Mayores entre los meses de Septiembre y Octubre. A principios de año empiezan las Presentaciones.

La Presentación suele realizarse en locales cerrados y a ser posible dotados de escenario (teatros, salón de actos, etc.) con asistencia de público, en el que se presentan las Cortes de Honor (falleras) de las Falleras Mayores, siempre acompañadas de los falleros. La decoración, iluminación, música, etc, para el acto corre a cargo de los falleros y suele girar sobre un tema concreto.




(Anna y Natxo en Presentación 2011)


(Justi y Edu, presentación 2011)

(Nota: Edu y Anna son mis hijos)


(Corte de Honor 2011)

En la semana fallera los actos más destacados son:

  • La Crida, es el acto en el que las falleras mayores anuncian el inicio de la fiesta e invitan a todos a participar de ella.

(Acto de la Crida en las Torres de Serrano)
  • Las Mascletaes que se celebran del 1 al 19 de Marzo a las dos de la tarde y que consiste en la explosión continuada de cohetes y petardos en un recinto especialmente dedicado a ello. La más espectacular es la de la Plaza del Ayuntamiento de Valencia.

(Mascletà en la Plaza del Ayuntamiento)
  • La Cabalgata del Ninot consiste en un desfile en el que los miembros de cada comisión fallera van disfrazados. Estos disfraces suelen tener relación con el tema central de su falla.

(Anna, Carmen, Amparo, Justi, Iker y Lluis disfrazados de mor@s)
  • La Plantà. Desde principio del mes de Marzo hasta el día 16, los artistas falleros trabajan en la colocación de las fallas para que estén a punto en el momento en que las visitará el Jurado para otorgar los premios correspondientes dentro de sus categorías, así como elegir el "Ninot Indultat" que se librará del fuego y pasará a formar parte del museo. 

(Plantà de una falla)
  • La Ofrenda de Flores. En Valencia ciudad se ofrecen las flores a la Virgen de los Desamparados y en los pueblos de la provincia a su virgen correspondiente. En el caso de mi pueblo a la Mare de Deu al Peu de la Creu. Es un acto multitudinario y muy emotivo por el que desfilan miles de falleras portando sus ramos de claveles y acompañadas por los falleros. Con estas flores se confecciona el manto de la Virgen a partir de un esbozo que cambia cada año. Las distintas comisiones falleras son avisadas con antelación sobre el color que deben llevar en sus ramos: rojo, blanco o rosa. 

(Elaboración del manto)


(Manto 2012 terminado)
  • La Cremà, acto que se realiza la noche del 19 de Marzo en el que se queman todas y cada una de las fallas de ese año.


(Cremà de una falla)

Además de estos actos oficiales, durante la semana de fiestas las comisiones falleras, bien en carpas o en los casales (local de reunión de los falleros) se organizan fiestas, tales como verbenas, playbacks, teatro, discomóvil, etc., para desfrute y diversión de todo aquel que lo desee.

Pero no sólo de fiesta vive el hombre y las fallas son también trabajo no remunerado para los falleros y negocios y creación de empleo para varios colectivos de la ciudad. De eso os hablaré mañana en otro post o éste se hará interminable.


martes, 8 de mayo de 2012

Manual para comer de la paella (sin plato ni ná)




Es ésta una costumbre muy valenciana, que como casi todo tiene sus normas:

Si come de la Paella, vd. debe saber:

La paella es como una caja de quesitos en porciones.
... 
Los jugadores están distribuidos alrededor de la paella de forma equidistante

A cada jugador le corresponde solo el quesito que tiene delante de sus narices.

El cubierto oficial del juego es la cuchara de metal o madera.

Si el jugador quiere exprimir limón en su área, deberá tener autorización verbal de sus dos vecinos, a los que procurará no salpicar.

El juego comienza cuando el macho dominante de la manada dice "Vinga que es gela l'arròs!" (Tr.: ¡Venga, que se enfría el arroz)

Si la paella está buena, el elogio al cocinero se hará de forma intermitente cada dos cucharadas durante toda la comida.

Los tropezones que hay en cada sector son propiedad del jugador titular de ese espacio. Si algún elemento integrado en su zona no es del gusto del jugador lo depositará delicadamente en el centro de la paella para que lo disfrute otro jugador.

Las piezas de carne cuando salen de la paella no pueden volver, ni por partes, ni en los huesos.

Si alguien invade el espacio de otro jugador sin permiso, será amonestado, a la segunda oirá aquello de "eres un poc fill de puta" (Tr.: Eres un poco malandrín) y tendrá que pagar los carajillos.

Se entiende que un jugador abandona, cuando apoya la cuchara en el borde del caldero y dice "Estic fart, ja no puc més!" (Tr.: Estoy harto, no puedo más) En ese momento su zona queda franca y puede ser ocupada.

Queda terminantemente prohibido girar la paella para acceder a otro punto donde aún queda arroz.

Si la paella baila alguien deberá coger del asa para estabilizarla. El/los jugador(es) que se ocupen de este cometido recibirán elogios del resto, que se emplearán a fondo para mantener siempre llena la copa de vino del esforzado estabilizador durante toda la comida.

Cuando se toca hierro con la cuchara, en las postrimerías de juego, los valencianos se enfrentan al "Socarrat", es un momento glorioso donde el nerviosismo cunde. El frenesí es tal, que aquello se parece a una prospección petrolífera. Los que no participan en el festín deben relajarse y esperar el postre.

La partida acaba cuando los jugadores se retiran o ya no queda nada en el caldero, señal indiscutible que estaba buena o había mucha hambre.

¡¡¡Bon profit!!! (tr: ¡¡¡buen provecho!!!)

jueves, 26 de abril de 2012

¡¡¡Paciencia!!!


Convaleciente (Hale 1906)


Hace unos días que estoy en casa, pero no me apetecía mucho escribir ¡hay que ver como se apodera de mi la pereza cuando me siento tan débil y vulnerable! Y como "a perro flaco todo son pulgas" me cuesta un montón escribir porque he perdido mucha sensibilidad en las yemas de los dedos y tengo una especie de hormigueo constante. En fin, poco a poco iré acostumbrándome.

¿La operación? Toda una odisea. A veces me da por pensar que alguien me echó mal de ojo. 

En un principio debían operarme el día 15 de marzo, pero mira por donde después de haberme preparado el día anterior, resulta que cuando me llevan al quirófano descubren que tengo unas décimas de fiebre ¡operación abortada! (me cago en to) y claro, a esperar más de una semana hasta que puedan reubicarme. Eso fue el día 26, con algunas sorpresas: además del colon tuvieron que extirpar un trozo del intestino delgado (menos mal que es largo), y me descubrieron un soplo en el corazón provocado por la anemia que padecía. Este problema (el del soplo) lo solucionaron en los días siguientes y resulta que según el cardiólogo tengo el corazón fuerte como el de un toro ¡por fin una buena noticia).

Después de eso, una semana en la UCI y otra más en sala. Pero ahí no acaba todo, aún me quedan seis meses de tratamiento de quimio preventiva que empezaré el mes que viene. Afortunadamente sólo tendré que ir un día cada tres semanas al hospital de día. Así que aún tengo para una temporadita.

De momento me voy encontrando mejor, sigo con los problemas de audición ( del izquierdo estoy sorda como una tapia) y de saliva (ni gota, ni gota). Paciencia, me aconsejan, algo de lo que siempre he adolecido, así que os podéis imaginar lo que me cuesta no desmoronarme.

No puedo dejar de agradecer nuevamente vuestro cariño, que es de una gran ayuda.

El próximo post: fallas.

martes, 13 de marzo de 2012

Señor pirotècnic, pot començar la mascletà...



Ese es el mensaje de la Fallera Mayor de Valencia a las 2 de la tarde en punto desde el 1 al 19 de Marzo. Este año me tendré que conformar con verlas por la tele y a partir del jueves, ni eso. Sí, por fin ingreso mañana en el IVO para operar el jueves y quitarme ya este dichoso colon. Y como no podía ser de otra forma tenía que ser en Fallas. Cuando vuelva y esté un poco recuperada, os contaré cómo son las fallas por dentro, los miles de puestos de trabajo y pequeños negocios que sobreviven a su sombra durante todo el año. Os contaré que las fallas no son sólo esos muñecos graciosos que llenan la ciudad y los pueblos vecinos para perecer pasto de las llamas, son mucho más.

Pero... a lo que vamos, gracias a todos por vuestro cariño y espero estar pronto por aquí.


lunes, 16 de enero de 2012

Haciendo un esfuerzo



Tenéis mucha razón, pero es tan difícil.
Desde ayer estoy intentando hacer cosas en casa, poco  poco, sin cansarme, para que lo días no se me hagan tan largos, cruzada mano sobre mano todo  el día. 
Aun así, el día se me alarga como si fuese una goma elástica, todo es mirar el reloj y no hay forma de que adelante. Tampoco es que pueda hacer muchas cosas, de 59 kilos que pesaba, me he quedado en 40 kilos así que os podéis imaginar como estoy de debilucha.
Manu, quería preguntarte algunas cosas si no tienes inconveniente:
Cuando empezaste a comer sólido?
Perdiste audiciòn con la quimio? Tardaste es recuperarla? Es que yo oigo bastante peor y el oncólogo me dijo que era por la quimio y que en unos meses la recuperaría.
Yo llevé la sonda gástrica hasta hace unos días, pero ahora me cuesta mucho comer sólido. No tengo problemas para tragar, pero al no tener apenas saliva la comida se me hace una bola y no hay forma de tragarla,. así que estoy a base de purés, sopas, yogures... y un batido proteínico con cada comida, no se qué hacer para empezar a engordar un poco. Como además tengo anemia por el tumor del intestino, no hay forma de recuperarme. Me vendrán bien tus consejos o experiencias.
Bueno, chicos, a ver si ahora que he cogido el hilo vengo a menudo por aquí, Besos.

sábado, 14 de enero de 2012

Un pasito para adelante, dos pasitos para atrás.


Gracias amig@s por vuestros mensajes de ánimo. Ya he visto que mi hija Anna os mantiene informados, es un sol no se qué haría sin ella. Realmente estoy tan deprimida que no tengo ganas de conectarme, ni de prácticamente hacer nada.. Las cosas no van bien. 
Me han detectado otro cáncer en el intestino que tienen que operarme, supongo que el mes que viene, sobre Febrero, mientras tanto estoy a la espera de algunas pruebas más y recuperarme un poco para la operación. 
Así que ya os podéis imaginar mi estado de ánimo: por los suelos. Hay días que sólo quiero dejarlo todo y morirme, y no paro de llorar, pero se que tengo que luchar por mi y por mi familia que está sufriendo tanto como yo.
Ahora estoy en casa, ya os informaré cuando ingrese para la operación.
Besos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

En espera

 

Apenas unos minutos para contaros que estoy bien. Por diversas circunstancias aún no han podido darme el último ciclo de quimio, ya que padezco una anemia bastante fuerte que intentan paliar a base de transfusiones de sangre. Este fin de semana me mandaron a casa y dentro de un rato vuelvo al hospital. Mañana a primera hora me efectuarán un análisis de sangre a ver como estoy con la anemia y dependiendo del resultado empezarán con los goteros o no (cruzo los dedos), si la cosa va bien, esta semana por fin termino. 
Según la doctora de radio el tumor está liquidado, ahora sólo falta esta última dosis de quimio y a recuperarme. Cuando me encuentre con suficientes ánimos vendré a contaros lo que ha pasado todas estas semanas y sobre todo mi estado de ánimo que creo que es lo más importante.
Gracias a todos por vuestro interés y cariño, significa mucho para mi. 

Os dejo un video de Fito, uno de mis cantantes favoritos..



Besos.



   

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿El último tramo?



Antes que nada, quiero responder a dos comentarios del post anterior. 

Amiga "Anónimo" te agradezco mucho tu recomendación y aunque, gracias a Dios, de momento tengo el cuello totalmente repuesto de sus quemaduras, gracias sobre todo a Rosana, la mejor enfermera del IVO, no puedo dejar de poner aquí la marca de esa crema por si alguien entra a leer y puede resultarle útil. La crema se llama Biafine,  es francesa  y puede encontrarse por internet.

Raquel, todos lloramos por lo que luego comprendemos que son tonterías, sobre todo en ciertas épocas de nuestra vida, según vamos cumpliendo años cambian los motivos por los que lloramos. Creo que soy una mujer fuerte físicamente, al menos hasta ahora. No he padecido graves enfermedades, ni he tenido intervenciones o accidentes dolorosos, así que por dolores físicos no suelo llorar, no lo he hecho ni siquiera en las pocas ocasiones en que he padecido alguno. Soy de esas que aprietan los dientes y aguanta lo que le echen, a veces el dolor ha hecho que las lágrimas broten por si solas, pero sin conseguir ni un ¡ay! de mi garganta.

Sin embargo, me ha hecho llorar tu comentario, como muchos de los que recibo. Me hace llorar la cara de alegría que percibo en amigos o compañeros cuando me ven y se encuentran con que tengo un aspecto mucho mejor de lo que ellos esperaban, ese ligero suspiro que se escapa de su pecho. O cuando mi hermana mayor viene a verme (ella no está para muchos trotes) muerta de miedo por lo que se puede encontrar y acaba riéndose mientras charlamos en el sofá. O ver cómo mi hija se desenvuelve como ama de casa: compras, comida, cocina, ropa.... y un largo etcétera del que casi siempre me ocupé yo. O las horas que pasan cuidándome en el hospital, sobre todo mi hermana pequeña y mi madre... ¡ay! mi madre, que se empeña en quedarse conmigo porque dice que no tiene a nadie más a quien cuidar (es viuda desde hace años) y se que puede, está sana y joven, pero sufre, porque es contranatura que una madre de 78 años esté cuidando a su hija de 54... todo esto me hace llorar todos los días, a escondidas claro y de emoción, que no de pena.

Bien, ya he terminado (por fin) la radioterapia. Esta tarde ingreso en el hospital para hacer los tres ciclos de quimioterapia que al parecer me faltan. Según me ha explicado mi oncólogo estaré 6 días ingresado y tres semanas en casa, y así 3 sesiones... ya os contaré.





domingo, 25 de septiembre de 2011

En apenas unas horas...



... vuelvo al hospital. El permiso ha sido corto, pero se agradece estar en casa unos días.

Doria, contestando un poco al comentario del post anterior, sí, estoy utilizando una crema para pieles irradiadas, incluso antes de empezar el tratamiento. Resulta que a principios de Julio, cuando ya me habían diagnósticado el cáncer de cavum, tenía consulta con mi dermatólogo que desde hacer año y medio me trata por una alopecia areata universal que padecí (perdía el pelo de todo el cuerpo), debida posiblemente a una situación de estrés motivada por la enfermedad, bastante larga y dolorosa, del padre de mi marido. El caso es que le dije lo que me pasaba porque era tonto seguir tomando la medicación de mantenimiento del cabello siendo que iba a recibir quimio y radio. Acordamos que lo mejor era volver a ello cuando acabase con el tratamiento, y fue él quien me recomendó la crema y me dijo que empezase ya a utilizarla para ayudar a la piel.

Sin saber de medicina, ni de radioterapia, y guiándome sólo por el sentido común, pienso que si cada persona necesita una protección específica para los rayos del sol porque tenemos diferente tipo de piel, lo mismo puede ocurrir con la radio. Quizá haya gente a la que no le afecte tanto en la piel. La mía es del norte, blanca, con pecas y lunares, y además siempre la tuve bastante delicada. También puede ser que me pusiera suficiente cantidad de crema protectora, no se. Pero estoy segura de que se podía haber evitado el problema de las quemaduras si la doctora que presumiblemente se quedaba a cargo de mi historia clínica y mi tratamiento, hubiese estado más al tanto.

En fin.

Ayer por la mañana vino a verme el médico de guardia, un hombre mayor muy amable y simpático. Hablamos de mi estado general y después de consultarlo con mi enfermera me dejó salir hasta hoy a la hora de la cena, tengo mi habitación reservada. Mañana me harán la siguiente cura, a ver en que estado tengo el cuello. Resulta que cuando el doctor me estaba examinando hablaba con la enfermera y le contaba que estaban experimentando nuevas técnica de radioterapia, que antes entraban hasta el tumor sólo por tres zonas mientras que ahora lo hacen por cinco, que esto ha dado lugar a encontrarse con efectos secundarios que no se daban con anterioridad y que por el contrario otros hayan desaparecido. Esto me hizo afianzarme  más en la idea de que los responsables tenían que tener más control sobre esto.

Y ahora vamos a lo positivo, siempre, siempre hay un lado positivo. 
Pensaba yo hace unos días que de no haberme pasado algo así, seguramente no habría sido consciente de cuánta gente me quiere y me aprecia. No soy persona que tenga muchos amigos, tengo poquitos y de hace muchos años, pero también están los compañeros de trabajo y toda la gente con la que me relaciono profesionalmente, los conocidos, los que comparten conmigo asociaciones, hobbys, y sobre todo está la familia. En estos pocos meses he sentido el cariño de todos y cada uno, con su particular manera de demostrármelo. Cariño que me ha hecho verter lágrimas de emoción, muchas lágrimas. 

Desde éste, mi pequeño rincón, quiero daros a todos las gracias.

Y espera, que se me olvidaba algo muy positivo: MI MARIDO APRENDIÓ A HACER UNA BUENA PAELLA (siempre me tocaba a mi) ¡ja! ya no tiene escapatoria.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Mal dadas


¡Ay! mis queridos Doria y Manu, eso es lo que yo hubiese querido, terminar de una vez con las sesiones de radio, pero no ha podido ser, no todavía.

Han sido dos semanas jodidas. El miércoles 14 tuve la segunda sesión de quimio, que no fue mal del todo, las náuseas y vómitos habituales, cansancio y sobretodo la mucosidad tan fuerte y con ese sabor metálico que no logras quitarte en varios días. El problema de tanta mucosidad es que la vas tragando y llega un momento en que el estómago no admite la comida. Y si a esto le añadimos un estreñimiento crónico (perdonad lo escatológico del asunto) debido al parche de morfina... apaga y vámonos. Este último punto se debió a un "despiste" de mi doctora sustituta de radioterapia (la titular está este mes de vacaciones) que no cayó en la cuenta de que la morfina conlleva irremediablemente el estreñimiento. 

Pero quizá lo peor era el estado en que se iba poniendo mi cuello: se estaba empezando a caer la primera capa de piel, totalmente quemada, y empezaban a aparecer grandes rodales totalmente en carne viva. Aún en estas condiciones, aguanté la radioterapia hasta el viernes 16, mediante curas de la enfermera de radio, incluyendo la que me hizo el mismo viernes para todo el fin de semana.

El lunes me presenté como siempre a mi sesión, pero me encontraba muy mal, estaba floja porque apenas comía, debido a los dos problemas mencionados antes y que quería consultar con la doctora, y el cuello presentaba un aspecto cada vez más lamentable. Cuando intenté tumbarme en la mesa del aparato de radio, me mareé, era imposible estar en posición totalmente horizontal, pero es que ponerme la máscara iba a ser una tarea ardua. Aún volví a intentarlo y consentí, intentando no gritar, que me colocasen aquella cosa rígida totalmente clavada en las heridas del cuello, pero tuvieron que quitarla porque entre una cosa y otra, sobrevenía el desmayo. Fui a visitar al médico de guardia.

Después de hacerle el resumen de lo que me pasaba, quedamos en que me buscaba una cama en el hospital y me llamaba el martes para curarme las quemaduras del cuello, ayudarme con todo esos problemas digestivos para así poder llevar una buena alimentación con el PEG (la sonda gástrica del estómago) y pausar las sesiones de radio hasta que pudiese volver a reemprenderlas. Me llamaron el martes 20 por la mañana e ingresé esa misma tarde.

No se porqué hay profesionales que hacen su trabajo mejor que bien, y otros que... que están ahí. Hacía apenas unas horas que estaba en la habitación cuando me dicen que han llamado de radio para que me bajen a mi sesión, le digo que no voy a bajar y que deberían tener el aviso correspondiente del médico de guardia del lunes. Bien, pues aún así, se me presenta allí una mujer que dice ser doctora de radioterapia, y lo será, no lo pongo en duda, pero me parece bastante incapaz, y una enfermera. Que qué me pasa, me pregunta. Nada, le digo. Y me corta diciéndome que hable tranquila, que no pasa nada. Me pilló en un día en el que me sentía mal, fatal, y no le mandé a la mierda precisamente por eso. Me sentí como si la tía se estuviese dirigiendo a una niñata caprichosa, que tiene pupa y hay que convencerla para que se ponga la vacuna... ¡la madre que la parió! Llegó a decir que lo del cuello era normal, que no se lo hacían a una pared. Claro, no niego que sea normal que se queme, pero también creo que lo normal es que se cure y se continue después. Menos mal que mi marido se metió en la conversación y le dijo claramente que estaba allí ingresada para ponerme un poco más fuerte y curarme el cuello, que mirasen la historia que allí lo había puesto el médico de guardia, y no las mandó salir de allí con viento fresco de puro milagro.

Por fin el miércoles por la mañana pasó la doctora de radio del hospital con mi ángel, Rosana, una enfermera que es un regalo para los enfermos. Dio las órdenes necesarias para solucionar los problemas digestivos y la cura del cuello. Cuando vieron en que estado lo llevaba no se lo podían creer, es una pura herida en carne viva, sobre todo la parte delantera y laterales. Y tampoco la doctora hizo buena cara cuando le conté lo que me había pasado la noche anterior.

Y sigo aquí, el miércoles me hicieron la primera cura, y hoy la segunda. Rosana es un sol, me cura, me cuida, me ayuda en todo lo que está en su mano, me aconseja... Seguramente me dejan que mañana me vaya a casa y vuelva el domingo por la noche,  porque la cura de hoy es hasta el lunes. Los otros problemas están más o menos controlados y me siento más fuerte y mejor.

No se si me leerá algún profesional del sector de Sanidad, a los que admiro de corazón porque hacen un trabajo de entrega a los demás, y sobre todo los que trabajan con enfermos, llamémosles difíciles, entre los que me encuentro. Pero me gustaría que pensasen un poco en la forma en que desarrollan su labor. Yo (el enfermo) soy la primera interesada en acabar cuánto antes, empezar a recuperarme y sobre todo a olvidarme de esta mala época y retomar mi vida de siempre, volver a ser yo misma, pero cuando digo que no puedo más, es que no puedo más, y que soy yo quien decide. Soy adulta, conozco la enfermedad que padezco, su tratamiento y sus efectos secundarios. No me hablen como una niña a quien hay que llevar al cole con un tirón de orejas... no me jodan.

Supongo que quizá no me habría pasado todo esto si mi doctora no estuviese de vacaciones, porque quizá habría pausado las sesiones antes de llegar a esta situación, a falta sólo de 6 sesiones para terminar. Su sustituta, la que se ha hecho cargo de mi, teóricamente, tampoco se ha dignado pasar por aquí a conocer en primera persona mi estado general. No me parece de lógica ¿y a vosotros?







miércoles, 14 de septiembre de 2011

¡Bang!




¡Bang! Me dice apuntándome con el dedo estirado y cerrando un ojo. ¡Estás muerta! Me río al verle. Es el loco del barrio, mi vecino. Nos criamos juntos jugando en la calle. Era un chico normal hasta que un día empezó a hacer cosas raras. Esquizofrenia, dijeron los médicos. La familia le echó la culpa a algo que le pasó mientras hacía la mili. Ya tiene los cuarenta y desde que falleció la madre, vive con su hermano. Bastante tiene el pobre, entre el hermano loco y la mujer que es una víbora, no se cómo lo aguanta. Voy a decirle algo, pero él ya se olvidó de mi y mira hipnotizado una paloma que acaba de posarse a recoger una miga de pan del suelo. Vuelve a estirar el brazo, y cuando su dedo índice parece que apunta al animal, cambia su trayectoria y toma como blanco a una mujer que descansa en un banco mientras merienda… ¡bang! ¡estás muerta! Vete a la mierda, le responde ella con la boca llena, anda y que te encierren, loco hijo de puta. Temo por un momento su reacción. La mira fijamente mientras con ambas manos se apunta a sí mismo en la cabeza y empieza a disparar: ¡bang!¡bang!¡bang!, se tambalea y se tira al suelo retorciéndose con movimientos que intentan simular los últimos estertores de un muerto. Me vuelve a entrar la risa. Me acerco a él, que permanece inmóvil, y le zarandeo. Deja de hacer el tonto, levántate, te invito a una cerveza. Cerveza es la palabra mágica, abre los ojos, redondos como platos, y casi sin apoyo se pone en pie de un salto.

Le dejo sentado en la terraza del bar mientras entro a pedir al camarero dos cervezas sin alcohol bien frías, tráelas ya servidas en la jarra, le digo, y él me mira pensando: pues vaya tontería. Yo se lo que me hago. Le observo de reojo, sentada a su lado. Él está pensativo. A veces quisiera preguntarle si se acuerda de mi, de aquellas despedidas en la oscuridad del portal de casa, sus manos intentando colarse debajo de mi falda, sacándome una teta, chupándome un pezón. Estate quieto, Ángel. Calla, decía él y me comía la boca, calla, nos van a oír. Y me entraba la risa al notar ese bulto dentro del pantalón, él me cogía la mano y la posaba allí. Luego subía a casa excitada y nerviosa, y besaba su foto, era un chico tan guapo. Una noche en su coche hicimos el amor, no es que fuese fantástico, para tirar cohetes, me hizo un poco de daño y él se corrió enseguida, fue mi primera vez.

Luego todo cambió. Quizá hubiese debido quedarme junto a él. Dije que le quería, lo dije tantas veces, y no, no le mentí. Pero elegí olvidarle, yo no tenía la culpa de lo que le pasaba, yo no podía pasarme la vida junto a él, un estúpido loco, un enfermo incurable.

Me mira y le sonrío. Me mira y no me ve. Sabe Díos dónde anda ahora su cabeza. Se acaba la cerveza y me mira otra vez. Con una ya es bastante, le digo yo muy seria. Y levanta su dedo, apunta a mi cabeza, me dan miedo sus ojos que miran y no ven. O sí. No se, empieza ya a irritarme ese estúpido juego. Casi sin darme cuenta ha bajado su dedo, y ahora está posado en mi pezón derecho. ¡Bang!
Se lo acerca a los labios y se sopla la punta con ademán ufano ¡Estás muerta, otra vez!

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Mañana tengo sesión de quimio... nos vemos.

domingo, 11 de septiembre de 2011

La chica del ascensor (rescatado)



Como ya sabéis que mi cabeza no está para inventar historias, cosa que espero será pasajera, colgaré de cuando en cuando alguno de los relatos que tengo escritos. A éste, incluido en el libro Humedad Relativa, le tengo especial cariño por permitirme experimentar escribiendo sobre una sexualidad con la que no estoy familiarizada. Espero que lo disfrutéis.

LA CHICA DEL ASCENSOR

Las ocho menos cuarto, eran ya las ocho menos cuarto y yo tenía aquella entrevista de trabajo a las ocho en punto. Había quedado con Pablo en que pasaría a buscarme y me acercaría hasta el lugar de la cita, que por cierto, quedaba justo al otro extremo de la ciudad. Paseando arriba y abajo por la habitación no iba a solucionar nada, pero era la única forma en que conseguía calmarme un poco. Y fumar, fumar un cigarrillo tras otro. ¡Maldito Pablo! Es que nunca podía contar con él. Mi querido hermano era el tío de los problemas, siempre, siempre le sucedía algún imprevisto. Cogí el móvil para intentar por quinta vez hablar con él. Nada, aquella voz horrible de autómata: “el teléfono al que llama, está apagado o fuera de cobertura”. Seguro que se ha quedado sin batería, como si lo viera. Yo le mato, es que le mato. Casi tiro el dichoso teléfono al suelo cuando empezó a vibrar en mi mano.

- ¿Dónde coño te has metido? Llevo llamándote media hora.
- Lo siento, hermanita, estoy en un atasco tremendo. Un accidente de tres pares de cojones… está cortada la autovía… no voy a llegar.
- ¡Hostia puta, Pablo!  Siempre te pasa algo, podías haberme llamado por lo menos ¿qué hago yo ahora? Mierda, mierda, mierda…
- Vale, tía, pilla un taxi… que sé yo.
- Bueno, anda, ten cuidado, voy a ver cómo me las apaño. Si es que no escarmiento, no escarmiento, nunca puedo contar contigo. Vale, vale, un beso.

Salí a la calle como un cohete. Un taxi, dice, si no me queda un puto duro, eso contando con que encontrase alguno. Me dirigí a la parada del autobús, aguantando las miradas de todos los hombres que se cruzaban conmigo. Claro, la verdad, es que no iba vestida para andar en transporte público, pero sólo me faltaba perder el tiempo cambiándome de ropa. Además estaba segura que mi indumentaria era la adecuada para camelar al tipo que me iba a entrevistar. Era un abogado con bastante renombre en la ciudad y necesitaba una secretaria particular. Tenía que conseguir ese trabajo, era mi última esperanza. Iba subida en unas botas de piel marrón, tipo mosquetero, que tapaban la rodilla, una falda vaquera cortísima que dejaba al descubierto mis muslos enfundados en unas medias negras de fantasía, cinturón casi tan ancho como la falda, una camiseta Custo que me había costado un dineral y que dejaba a la vista gran parte de mi anatomía pectoral, y mi vieja cazadora de piel marrón. Por fin llegó el autobús, que para no variar, iba hasta la bandera, todos allí apretujados olisqueándonos unos a otros. ¡Maldito Pablo! No cuento más con él, lo juro, nunca más.

Bueno, ya no tenía remedio, y cabreándome no iba a conseguir nada. Iría hasta el despacho del fulano ese, y con un poco de suerte igual aun le encontraba allí. Aunque siendo viernes por la tarde, no tenía demasiadas esperanzas. ¡Señor! Échame una manita, anda, pensé mirando hacia el techo, que últimamente me tienes abandonada. Pero… ¡qué chorradas estoy diciendo!, si es que la desesperación hace milagros. Elisa, confía en ti, eres lo único que tienes, me dije.

Cuando el autobús llegó a mi parada, salí de allí dando un respiro. Menos mal, porque ya estaba empezando a cansarme de dar codazos o de poner mi enorme bolso como escudo contra los manoseadores ¡joder! hay qué ver como anda la gente de necesitada. El despacho del abogado estaba situado en la cuarta planta de un antiguo edificio, de esos que habían restaurado en los últimos años. Busqué el número de la puerta y apreté el timbre. Nada, allí no contestaba ni dios. Insistí, rezando por lo bajo. Ya iba a darme por vencida cuando…

- ¿No contestan? ¿dónde vas?
- ¡Ah! Me has asustado – la que me hablaba era una chica más o menos de mi edad, que me miraba con alegre sonrisa – Iba a la cuarta planta, al despacho de D. Juan Calatrava, pero parece que no hay nadie.
- Se habrá ido ya, hoy es viernes ¿estabas citada?
- Sí, estaba citada, pero llego tarde… ¡dios mío! Si es que me he retrasado casi una hora. Oye, si entras, voy a subir de todos modos, igual está arriba y como es tan tarde no le apetece abrir. (Era la última gota de esperanza que me quedaba).
- Claro, claro, yo también voy a la cuarta planta… entra.
- Tú primero, por favor.

Aproveché para fijarme un poco en ella. Era delgada, un poco más bajita que yo. Claro que ella no iba subida en aquellos enormes tacones. Llevaba botas camperas, una falda larga y amplia estampada y un gran jersey de lana. El cabello corto y negro, pegado a la cabeza en pequeñas ondas. Pulsó el botón de llamada del ascensor. Era uno de esos antiguos, que suben y bajan por el hueco de la escalera, lleno de dorados y brillos. Dentro y al fondo, un gran espejo que cubría toda la pared, con un pequeño asiento para dos personas forrado en cuero. Las otras dos paredes estaban recubiertas de madera. Olía bien. Bueno, a ver si tenía un poco de suerte y aun pillaba al Sr. Calatrava.

- ¿Qué puñetas pasa ahora? – el ascensor acababa de detenerse entre la tercera y la cuarta planta, y además toda la escalera se había quedado a oscuras.
- Pues, me parece que ha habido un apagón o ha saltado el automático.
- ¿El automático? ¿qué coño de automático?
- Sí, en estas fincas antiguas suele pasar, la instalación eléctrica no aguanta tanto aparato que tenemos ahora y… puf.
- ¿Entonces? ¿qué hacemos? Me cago en todo, si es que hoy no me tenía que haber levantado de la cama, si es que llevo la negra.
- Cálmate un poco, por mucho que te cabrees no vas a solucionar nada. Ya se darán cuenta y lo conectarán, o si es un apagón, tarde o temprano lo arreglarán ¿por qué no te sientas?
- Para sentarme estoy yo ahora. Estoy, estoy que me subo por las paredes. Si es que necesito ese trabajo, joder, lo necesito.
- ¿Venías a por el trabajo de secretaria del abogado? ¡Coño! Pues sí que te has puesto guerrera ¿pensabas conquistarlo?
- Pensaba hacer lo que hiciera falta: hacerle una paja, mamársela o follármelo, lo que hiciera falta. Y si no lo hago hoy, será mañana o el lunes, o cuando sea, como si tengo que sentarme en la puerta a esperarlo.
- Ya. Si que estás desesperada. Por cierto, me llamo Eva ¿y tú?.
- Yo, Elisa – dije algo enfurruñada.

Convencida de que no me quedaba más remedio que esperar, me senté en el pequeño asiento. Ella,  me miró un momento, y luego hizo lo mismo, se sentó a mi lado, pero en el suelo. Nos quedamos en silencio. Yo pensaba en todo lo que me había pasado en los últimos meses: había roto con mi pareja, con la que convivía cinco años, la empresa donde trabajaba como secretaria de dirección con un sueldazo había quebrado dejándome en la calle. Y como más de la mitad de mi retribución era en dinero negro, con la mierda de desempleo no llegaba ni a medio mes. Si no pagaba pronto el alquiler atrasado, la casera me pondría de patitas en la calle. Y con mi querido hermano no podía contar. Ese estaba peor que yo, era un bohemio que iba siempre a salto de mata.

Su voz me sacó de mis elucubraciones:
- Son bonitas esas botas que llevas… y caras – al hablar, iba deslizando su mano por la piel suave y brillante.
- Sí, si las quieres igual te las vendo. Me parece que si sigo así tendré que pensar en ir deshaciéndome de todos estos lujos. O meterme a puta. O trabajarme al Calatrava y que se vuelva loco por mí.
- ¿Por qué no te las quitas? Estarás más cómoda, y no sabemos cuánto tiempo vamos a estar aquí.
- La verdad es que tengo los pies destrozados ¿me ayudas?
- Si quieres – decía, mientras estiraba de las botas para descalzarme- te hago un masaje en los pies. Soy buenísima, ya verás te dejo como nueva.
- Calla, anda, no digas tonterías ¿cómo te vas a poner ahora a darme un masaje en los pies?
- ¿Tenemos algo mejor qué hacer?
- No, realmente, creo que no.
- No se hable más, pon los pies aquí, encima de mí.

Antes de que me diera cuenta, se había sentado en el suelo otra vez, al estilo indio, frente a mí, y colocaba mis pies en su regazo….

Tomó uno de mis pies entre sus manos y empezó a presionar cada una de las articulaciones de los dedos, todos los huesecillos, uno por uno, el empeine, la planta del pie, el tobillo…aquello era una delicia. Sentada en el pequeño banco, con la cabeza apoyada en el espejo, me dejaba llevar por las sensaciones. Lo que me estaba haciendo no me relajaba, más bien estaba empezando a sentir un cosquilleo, una suave excitación que me gustaba. La miré. Ella parecía muy concentrada en su tarea. Permanecía con los ojos cerrados haciendo un movimiento casi imperceptible de vaivén como si estuviera meciéndose. Entonces caí en la cuenta que mi otro pie descansaba, firmemente apoyado en su pubis. Abrió los ojos un momento, sólo el tiempo justo para cambiar de pie y yo volví a reclinarme en el espejo. Una vez terminado el masaje, sus manos empezaron a acariciar las pantorrillas.

- Quítame las medias – me sorprendí diciéndole.
Eran de esas que terminan en una liga con silicona para que no resbalen ni aprieten el muslo. Cómodas y atractivas. Ella no dijo nada. Sin moverse de donde estaba, alargó las manos, deslizándolas suavemente por mis piernas y empezó a quitármelas muy despacio. Yo estaba empezando a excitarme de verdad, y me sentía algo confusa. Había follado con algunos hombres, unos cuantos diría yo, pero jamás me había sentido atraída por ninguna mujer. No sabía si achacarlo a lo extraño de la situación, al día tan horrible que había tenido o al atractivo que de ella emanaba.

Dejó aquel pequeño revoltijo negro en un rincón del ascensor y siguió acariciándome. Fue entonces cuando metí mis pies bajo su larga falda y los coloqué sobre su sexo. Se me habían quedado fríos y aquello estaba caliente, emanaba un calorcillo muy suave y sensual. Ella seguía acariciando mis piernas, subiendo sus manos un poco más arriba cada vez, y yo presionaba mis pies entre sus ingles. Me deslicé un poco más en el asiento y abrí las piernas poniendo ante sus ojos parte de mi coño, ya mojado, que se dejaba ver por los lados del diminuto tanga. Pasó a acariciarme la parte interna de los muslos, sin apartar su mirada de mi entrepierna, y dejando que alguno de sus dedos se deslizase suavemente por encima de la tela.

Nuestras respiraciones empezaban a ser demasiado audibles y pensé, por un momento, que cualquiera podría escucharnos, o que de repente podría ponerse el ascensor en marcha. Fue entonces cuando me pareció distinguir una sombra encima de nosotras, en la cuarta planta. Pero Eva había dejado ya completamente al descubierto mi abierto coño y había empezado a pasarme su cálida lengua sin ningún recato, así que pensé que había sido cosa de mi imaginación y me concentré en lo que estaba sintiendo. Me estaba volviendo loca. Había colocado sus manos aferrándome las nalgas y se afanaba comiéndome como pocos hombres habían sido capaces de hacer. Sentía su boca succionando mi clítoris, su lengua metiéndose cada vez más adentro y haciéndola vibrar. Notaba  que iba a correrme de un momento a otro. Metí los dedos de mis pies bajo sus bragas y busqué a tientas su clítoris en aquel húmedo rincón. Se estremeció. Me deshice de mi camiseta y desabroché el sostén dejando libres mis pechos. Luego, retiré sus manos de mis nalgas y las llevé hasta allí, deseaba sentir cómo acariciaba y apretaba mis pezones, grandes y oscuros. La miré. Parecía una esclava adorando a su diosa, con los brazos estirados, las manos aferradas a mis tetas y su cara metida entre mis piernas. Sujeté su cabeza para imprimirle un ritmo más rápido y me inundó un tremendo orgasmo que me hizo temblar hasta la raíz del pelo.

Se levantó despacio y sentí sus labios rozando los míos. Abrí los ojos y descubrí su sonrisa satisfecha. La besé, la besé con pasión, buscándole la lengua, mordiéndole los labios… y la senté en el sitio que yo ocupaba hasta ese momento. La despojé de aquel enorme jersey que ocultaba su cuerpo, deseaba frenéticamente lamer sus pechos y me entregué a ello con verdadero éxtasis. Cuando ya sus pezones estaban duros y empapados de mi saliva, la puse de pie y metiéndole las manos bajo la falda, le quité las bragas. Nunca le había comido el coño a una mujer. Realmente,  nunca había hecho nada con una mujer, pero en ese momento deseaba meter  allí mi boca, probar su sabor, beber sus jugos. Me excitaba su olor. Rocé despacio su clítoris con la punta de la lengua y ella emitió un corto gemido. Oírla me avivó el deseo. Y empecé a darle largas lamidas por todo el coño, apretaba mis labios contra ella, le metía la lengua. Su respiración se hacía más y más entrecortada, y sus gemidos aumentaban su intensidad, hasta que sentí sus contracciones en mi boca.

Casi no nos había dado tiempo a recuperarnos cuando se encendió la luz. Mierda. Intentaba vestirme a la velocidad del rayo, mientras Eva permanecía allí sentada, medio desnuda y tan tranquila. El ascensor empezó a subir. Mierda, mierda, mierda. Y allí, ante la puerta, D. Juan Calatrava, nos miraba muy serio. Ya la hemos cagado, despídete del trabajo, Elisa, pensé. Él dirigió su mirada hacia mí escrutándome descaradamente y luego miró a Eva.
- Eva – y me pareció que esperaba alguna clase de respuesta.
- Papá, te presento a Elisa, tu nueva secretaria, te gustará tanto como a mí, estoy segura.
De la sorpresa dejé caer al suelo la camiseta que sujetaba ante mí en un vano intento por taparme, mientras la risa cantarina de Eva resonaba en el ascensor.







jueves, 8 de septiembre de 2011

Porque no todo van a ser penas.

¡Faltaría más! Una, además de penar cuando le toca, también se divierte, se ríe, y esas cosas. Tampoco es ésta la historia que ayer os prometí "erótica y divertida", ésta es real como la vida misma.

Mi pueblo está en fiestas, y como cualquier fiesta que se precie tiene su cabalgata de disfraces... ¡mira que nos gusta eso de disfrazarnos!, Y mi familia no podía ser menos, mientras su madre (o sea, yo) blasfemaba en el hospital y les mandaba docena y media de maldiciones.

No se de qué convento se escaparon las monjitas... (el del círculo es mi vástago, lo cacé infraganti... jurada se la tengo)



Y la vástaga tampoco podía faltar, la peña iba de fantasmas, pero ilógicamente no hacían fantasmadas, hacían payasadas. Ella es la rubia, la que se lo está pasando "chachi piruli"... ten hijos para esto.




Por fin en casa... otra vez.



Sí, sí, habéis leído bien. Por fin en casa, otra vez. Yo que me las prometía ya tan felices una vez superado el problema del dolor, fíate, fíate,  faltaba otro pequeño escollo.

El domingo por la tarde ingresé en el Hospital del IVO para que el lunes me practicasen una PEG, o sea, una Gastrostomía Percutánea Endoscópica, lo que en cristiano vendría a ser una sonda conectada directamente al estómago para mi alimentación. En principio, no parecía muy importante, así que pensé que el mismo lunes me mandarían a casa (no ser por qué damos nada por hecho).

La habitación era individual, amplia y con unos ventanales enormes que dejaban entrar la luz desde primeras horas de la mañana. El personal atento, amable y eficiente. Tenía ese mismo lunes, 5 de septiembre, la sesión de quimio, así que lo comuniqué en el control de enfermería pensando que quizá aprovechaban que estaba allí para ponerme el gotero, pero no, tendríamos que dejarla para otro día.

Me dieron para cenar un tazón con caldo y a dormir.

El lunes, bien temprano, entraba la enfermera con el termómetro y ¡sorpresa! presentaba unas décimas de fiebre. Eso trastocaba todos los planes y abría la posibilidad de no poder realizar la intervención, la prioridad era conocer qué provocaba ese aumento de temperatura, para lo que realizaron nuevos análisis de sangre y orina, además de inyectarme un gotero de paracetamol. 

No hubo desayuno, ni comida, debía estar en ayunas hasta ver qué decisión tomaban. Las analíticas salieron normales  y como, de una forma u otra debían administrarme antibióticos decidieron llevarme a quirófano porque el paracetamol había hecho efecto y la fiebre había remitido.

Me habían explicado por encima lo que era una PEG pero fue allí donde me contaron, con pelos y señales, todo el proceso. Se  trata de hacer una incisión en el estómago donde se acoplará una especie de cánula que queda a la parte de afuera y en la que mediante una jeringuilla iremos introduciendo el alimento triturado (purés, cremas, sopas, papillas, etc.,) pero para "pinchar" el estómago, éste debe estar hinchado (un globo blando nunca podremos pincharlo) y para lograrlo deben introducir antes por la nariz una sonda que llegue hasta el estómago e insuflarle aire. La cosa no es moco de pavo.

Si ya resulta doloroso y molesto introducir una sonda por la nariz sólo hasta el cavum, hacerlo hasta llegar al estómago es horroroso. Y si encima el interior de la nariz y la garganta está inflamado y con quemaduras, ni te cuento. Conseguido el objetivo, todo se consigue aunque sea rabiando, hay que hinchar el estómago para introducir el bisturí en el punto pintado en mi barriga con anterioridad, mientras me hacían una ecografía y medían exactamente el lugar en que había que hacerlo. Eso casi que fue lo más fácil, porque antes habían adormecido la zona con anestesia local, así que ni el corte, ni los puntos los noté. 

La sonda de la nariz no se extrae hasta que comprueban que la del estómago funciona perfectamente. Y eso sería durante todo el día del martes, en que empezaríamos introduciendo agua, pasando luego por otros líquidos, y acabar con purés o cremas... sin problemas.

Ayer fue un día complicado y molesto. La sonda de la nariz me rascaba la garganta, lo que me provocaba tos, vómitos, imposibilidad para hablar... y lo que me puso irritable al máximo. Al final de la tarde, con tanta tos, acabé quitándomela y les ahorré así la tarea a las enfermeras. Dormí de fábula... bueno, no tanto, pero nada que ver con la noche anterior. Sobre las 2 de la tarde he vuelto a casa, parece que la dichosa PEG funciona de maravilla y no sufro dolores importantes. Estos días no he podido recibir mis sesiones de radio, que retomo mañana. Me quedan 14... ya falta menos.

No se si ayudará a alguien leer todo esto, pero a mi me sirve escribirlo, y mucho. Y no todo está en la parte física, dolorosa, o de tratamiento, no, es quizá mucho más importante la forma en que esta situación nos afecta a todos. Se que es muy difícil para lo que están a nuestro alrededor llegar a entender cómo nos sentimos, cómo queremos que nos traten, por la sencilla razón de que ni nosotros mismos lo sabemos. Tampoco nos damos cuenta, a veces, del miedo que no pueden evitar sentir ante algo que se escapa a su control, ni de ninguna forma podría decir cómo actuaría yo en "la otra parte". A mi me gustaría que mi familia, mis amigos, pensasen en el cáncer como lo que es, una grave enfermedad con muchos riesgos que no tiene por qué matarme y que espero superar con éxito. Me molesta tanto que vean en ésto una tragedia sin solución, como que quieran hacer ver que es algo sin importancia, un mal resfriado que acabará curando. A veces, ésto último no es más que un mecanismo de defensa ante el miedo a lo que le puede pasar a ese ser querido que está enfermo, pero quizá el afectado puede llegar a sentir que no se preocupan por él lo suficiente.

También nosotros saltamos de un estado de ánimo a otro sin motivo aparente, así que...tened paciencia.

PD. Prometo que en el próximo post toca historia, erótica y divertida... ¡palabra!

jueves, 1 de septiembre de 2011

Dolor ¡ay! ¡ay! ¡ay!



"No os espante el dolor, o tendrá fin o acabará con vosotros"
Séneca.

Anda que... no era listo el Séneca. Pues casi acaba conmigo, el muy jodío. Empezó la semana pasada a dar señales de vida, al principio algún que otro pinchazo, escozor en el paladar, hinchazón en la lengua... pero cuando dijo "aquí estoy yo" ¡uf! para volverse loca.

El miércoles pasado, día 24, cuando acabé la sesión de radio fui a ver al médico de guardia porque apenas podía comer nada sólido, tenía la garganta tan inflamada que no podía hacer pasar nada por allí que no fuese líquido. El hombre me dijo que tomase al principio ibuprofeno, pero que posiblemente no me haría casi nada y que tendrian que recetarme algo más fuerte. Lo que hace no tener ni idea de lo que me iba a ocurrir, porque de haberlo sabido ni de coña me tomo sólo el ibuprofeno. Esa noche apenas dormí, levantándome cada hora para enjuagarme la boca e intentar refrescarla un poco. El jueves por la mañana llamé a mi oncóloga y me dijo que fuese a consulta. No podía ni beber siquiera, 

Me recetó unos parches transdérmicos de fentanilo, de 25 microgramos/hora (es algo parecido a la morfina) y que siguiese tomando el ibuprofeno y que intentase tomar los batidos hiperprotéicos para procurar no perder más peso. Mejoré apenas, porque la radio continúa haciendo su trabajo, así que el viernes, me puse otro parche, que no me sirvió de mucho. La boca me ardía y me costaba muchísimo esfuerzo y dolor tomar líquido, aún así bebía los batidos que podía, mientras se me caían las lágrimas. También me subía la fiebre de vez en cuando, y así aguanté como pude todo el fin de semana.

El lunes 29 tenía la quimio, pero cuando me vio el oncólogo no quiso dármela y me pegó la bronca (con razón) por no haber acudido a urgencias. Los análisis habían salido bien, dentro de las "anormalidades normales" de mi caso, pero con el dolor que apenas me dejaba mover la lengua para hablar era impensable someterme a una sesión de quimio porque según sus palabras "esta semana querría morirme", así que me mandó a consulta con mi oncóloga habitual (la de la radio) y me emplazó para el próximo lunes, 5 de Septiembre.

La cosa va "viento en popa" me dijo la doctora, lo que supuso una alegría, claro está, y es cierto que el bulto del cuello ya ha desaparecido casi por completo, así que parece ser que la radio está cumpliendo su cometido, pero mientras me está (mal) jodiendo viva. En fin, que aquí ya la mujer cogió al toro por los cuernos (preferible a que yo la cogiera de las solapas y la obligase a que me quitase esos dolores ¡ya!... es broma). Me aumentó el parche de Durogesic a 75 microgramos/hora, me recetó Lidocaina para añadir al enjuague bucal, otro enjuague para los hongos que tengo en toda la boca, unas ampollas de corticoides (sólo para tres días) para las quemaduras del paladar, y unas ampollas de morfina si el dolor aprieta demasiado.

Y parecía que todo iba bien. Pero mi cuerpo tenía que explotar de alguna forma, sacar por algún sitio lo  mal que lo pasé el fin de semana y, entre que los batidos son fuertes y no los tomaba a gusto por el dolor que me producía tomarlos, que tenía el estómago lleno de la asquerosilla mucosidad en que se convierte la saliva, que apenas había podido beber agua u otros líquidos, resultó que el martes me levanté vomitando cualquier cosa que intentaba beber. Llamé a mi doctora y me dijo que fuese inmediatamente a urgencias. Y allí pasé casi todo el día. Me pusieron un gotero para acabar con mis vómitos y aprovecharon para hidratarme un poco. Luego... a mi 15ª sesión de radio.

Por fin, hoy todo parece ir bastante bien. No puedo comer sólido por la inflamación de la garganta y el paladar, pero el dolor es apenas una molestia y he podido tomar zumos (algunos que no me escuecen), infusiones, leche (que nunca me ha gustado, pero ahora me alivia el escozor), puré muy diluido de verduras y batidos. Estoy a la espera de que me coloquen una sonda gástrica que solicitó mi médica el lunes, porque todavía me faltan 17 sesiones y tarde o temprano voy a tener que llegar a eso, así que cuanto antes empiece a alimentarme bien, mucho mejor.

Hoy mi hija ha hecho una foto de mi coronilla y se me ha caído un montón de cabello de esa zona. Es lo que menos me importa, ya pasé esta semana por la pelu y me lo rapé. Y además me encantan los pañuelos, gorras y sombreros... a ver si pongo una foto un día de éstos con mi sombrero nuevo.

La próxima entrada será algún relato antiguo de los que tengo por ahí, dedicado a Doria, que parece que le gusta como escribo... gracias Doria. 

martes, 23 de agosto de 2011

No gusta...



Media vida a dieta intentando no aumentar ni un gramo, a base de verduras, frutas, pescadito y carne a la plancha, y ahora... ahora obligándome a comer, comer y comer, intentando todo lo contrario: no perder ni una pizca de peso.

Y hoy no ha ido bien la cosa, tuve consulta con mi oncóloga y cuando me pesó nos llevamos la sorpresa: peso dos kilos menos de lo que marcaba la báscula el martes pasado. Me ha recetado complementos alimenticios para que los tome entre horas y como siempre me ha insistido mucho en que debo comer, y que no nos conviene que pierda peso.

Pero se me hace difícil, no tengo dolor todavía, pero la comida cada vez me resulta más "incomible". No, no es como cuando tienes un fuerte catarro que nada te sabe como siempre, es mucho peor. Voy buscando alimentos que no me sean demasiado desagradables, pero es complicado. Hasta el estómago se rebela, se cierra, negándose a recibir más "bazofia" y hace que me den náuseas. 

Así que estoy un poco desmoralizada, si ahora es así ¿qué será cuando además me resulte doloroso tragar los alimentos? 


jueves, 18 de agosto de 2011

Adiós, dulzura



Bien, después de nueve sesiones irradiándome no presento síntomas dolorosos para la ingestión de alimentos. Como con normalidad, aunque eso sí, si jugase a la gallinita ciega intentando adivinar qué me estaban metiendo en la boca, no acertaría ni una. 

El dulce desapareció de pronto de mi gama de sabores, así que todo lo que lleve azúcar (frutas incluidas) me parece que está "desaborío". La sal tampoco se deja notar demasiado, depende de los alimentos. El pan, una de las cosas que más me gustan, está asqueroso. Y el agua me provoca náuseas. En definitiva, que tengo un lío de sabores que no hay quien se aclare.

Así que no se hace difícil comer, sólo un pelín desagradable. De todas formas, soy una chica obediente y sigo al pie de la letra las instrucciones de mi doctora: intentar no bajar de peso ni un ápice. De momento sigo con los mismos kilos con los que empecé, lo estoy consiguiendo... ¿os imagináis como es disponerse a disfrutar de un rico helado de nueces y avellanas y encontrarse con que sólo nos sabe a crema fresquita sin ningún sabor?.... ¡¡¡¡aggggggg!!!!

Algo bueno tenía que tener esto: después de 30 años de fumadora empedernida, no he vuelto a probar un cigarro desde que empecé el tratamiento, pero es que lo más sorprendente es que ¡¡¡NO ME APETECE NADA!!!!, desde el primer día.. No conozco el motivo pero le tomé "manía" al tabaco y al café, y no he vuelto a catar ni una cosa ni la otra.

Hoy estoy triste. Mañana daremos el último adiós a una mujer que lleva años luchando contra el cáncer. Hace tres años se abrió ante ella una luz de esperanza cuando le realizaron un trasplante de la médula de su hermano, según los médicos con una compatibilidad altísima. Sin embargo, no dió el resultado esperado y después de caer y volver a levantarse muchas, muchas veces, se quedó sin fuerzas para seguir. Desde anoche está descansando por fin en algún lugar donde será feliz para siempre, Su marido y sus hijos son la viva estampa de la desolación, duele verles así. Aunque por nuestras venas no corre la misma sangre, siempre les he sentido como familia, he visto crecer a esos niños (ahora ya, hombres) muy de cerca. Mañana la incineraran y en unos días llevarán sus cenizas a Asturias, nuestra tierra querida. 
Descansa en paz, mi querida M, nunca te olvidaremos.

sábado, 13 de agosto de 2011

Pasito a pasito



Hoy alguien me decía en un correo que aún seguía la Duras encabezando las entradas del blog... mal asunto. Y no se equivocaba, ha sido un semana algo dura.

El lunes, a las 8 de la mañana, estaba en el Hospital de Día para una analítica. Después cita con el oncólogo de quimioterapía que todavía no me había visitado, de ahí el retraso en llamarme para dar comienzo al tratamiento. Una vez que el doctor recibió los resultados me enviaron de nuevo al Hospital de Día para el primer chute de quimio.

Se trataba de un gotero de 1 hora más o menos de duración, pero antes y después de administrarlo, debían ponerme algunos más de líquido para proteger los riñones, así que desde las 10 de la mañana hasta las 5 y media de la tarde las pasé sentada en un sillón dejando que litros y litros de líquido inundasen mi organismo. Y meando, claro, con perdón, porque cada media hora tenía que irme de paseo con el gotero hasta el cuarto de baño. 

Gotero tras gotero parecía que me hinchaba como un globo: manos, pies, piernas, cara... tenía la impresión que iba a explotar de un momento a otro. Sobre las 2 de la tarde me trajeron la comida, y maldita la hora, porque la bandeja consistía en un trozo de lasaña, con su carne picada, tomate, etc., otro de tortilla, un poco de ensalada y un flan. No debí haberme comido la lasaña porque me sentó como un tiro, y ya antes de terminar con los goteros tuve que pedirle una manzanilla a la enfermera porque el ardor que me subía desde el estómago me quemaba el pecho. 

Cuando terminé con la quimio me tocaba primera sesión de radioterapia. 
Iba un poco acojonada ¿para qué negarlo? La primera vez vas a ciegas, porque por mucho que te hayan explicado antes no acabas de entender lo que te van a hacer. Y cuando me pusieron la máscara, me acojoné todavía más. 


Agobia sentirse aprisionada, sin poder moverte ni un milímetro, con aquello apretando la nariz, la boca. Y empiezas a pensar que te van a dejar allí sola, y que qué pasa si te entra la tos, o taquicardia, o que se yo. Eché mano entonces de llevar mi pensamiento hasta un lugar tranquilo, evocar situaciones agradables, pensar en las personas que quiero y, cuando quise darme cuenta, habían pasado los veinte minutos y allí estaba la enfermera quitándome la máscara.

El martes fue un mal día. La quimio me removió por dentro y pasé la noche del lunes y todo el martes (hasta la hora de volver a la sesión de radio) metida en el cama, semi incorporada, porque acostarme completamente me producía unas nauseas y un malestar insoportables. Así que me quedé allí, quietecita, sin comer, porque hasta el olor de comida me asqueaba, esperando pacientemente a que aquello pasase. Tenía que pasar, tarde o temprano.

A partir del miércoles la cosa ya fue mejorando. De momento las cinco sesiones de radio que me han puesto no me han afectado demasiado, noto ciertos cambios en el sabor de algunos alimentos, sobre todo la fruta, un ligero (muy ligero) malestar el tragar, pero nada que me impida (de momento) comer con normalidad.

La próxima sesión de quimio será el día 29, hasta entonces acudo cada día por la tarde a ponerme mi máscara y dejar que la maquinita me mande sus rayos sanadores. 

Tengo mucho que agradecer, pero eso se merece un post especial, será para la próxima.

Ya ha empezado mi Camino y pienso llegar hasta el final... pasito a pasito.