Patio Casa Lobato

Imagen: Manuel García

sábado, 13 de agosto de 2011

Pasito a pasito



Hoy alguien me decía en un correo que aún seguía la Duras encabezando las entradas del blog... mal asunto. Y no se equivocaba, ha sido un semana algo dura.

El lunes, a las 8 de la mañana, estaba en el Hospital de Día para una analítica. Después cita con el oncólogo de quimioterapía que todavía no me había visitado, de ahí el retraso en llamarme para dar comienzo al tratamiento. Una vez que el doctor recibió los resultados me enviaron de nuevo al Hospital de Día para el primer chute de quimio.

Se trataba de un gotero de 1 hora más o menos de duración, pero antes y después de administrarlo, debían ponerme algunos más de líquido para proteger los riñones, así que desde las 10 de la mañana hasta las 5 y media de la tarde las pasé sentada en un sillón dejando que litros y litros de líquido inundasen mi organismo. Y meando, claro, con perdón, porque cada media hora tenía que irme de paseo con el gotero hasta el cuarto de baño. 

Gotero tras gotero parecía que me hinchaba como un globo: manos, pies, piernas, cara... tenía la impresión que iba a explotar de un momento a otro. Sobre las 2 de la tarde me trajeron la comida, y maldita la hora, porque la bandeja consistía en un trozo de lasaña, con su carne picada, tomate, etc., otro de tortilla, un poco de ensalada y un flan. No debí haberme comido la lasaña porque me sentó como un tiro, y ya antes de terminar con los goteros tuve que pedirle una manzanilla a la enfermera porque el ardor que me subía desde el estómago me quemaba el pecho. 

Cuando terminé con la quimio me tocaba primera sesión de radioterapia. 
Iba un poco acojonada ¿para qué negarlo? La primera vez vas a ciegas, porque por mucho que te hayan explicado antes no acabas de entender lo que te van a hacer. Y cuando me pusieron la máscara, me acojoné todavía más. 


Agobia sentirse aprisionada, sin poder moverte ni un milímetro, con aquello apretando la nariz, la boca. Y empiezas a pensar que te van a dejar allí sola, y que qué pasa si te entra la tos, o taquicardia, o que se yo. Eché mano entonces de llevar mi pensamiento hasta un lugar tranquilo, evocar situaciones agradables, pensar en las personas que quiero y, cuando quise darme cuenta, habían pasado los veinte minutos y allí estaba la enfermera quitándome la máscara.

El martes fue un mal día. La quimio me removió por dentro y pasé la noche del lunes y todo el martes (hasta la hora de volver a la sesión de radio) metida en el cama, semi incorporada, porque acostarme completamente me producía unas nauseas y un malestar insoportables. Así que me quedé allí, quietecita, sin comer, porque hasta el olor de comida me asqueaba, esperando pacientemente a que aquello pasase. Tenía que pasar, tarde o temprano.

A partir del miércoles la cosa ya fue mejorando. De momento las cinco sesiones de radio que me han puesto no me han afectado demasiado, noto ciertos cambios en el sabor de algunos alimentos, sobre todo la fruta, un ligero (muy ligero) malestar el tragar, pero nada que me impida (de momento) comer con normalidad.

La próxima sesión de quimio será el día 29, hasta entonces acudo cada día por la tarde a ponerme mi máscara y dejar que la maquinita me mande sus rayos sanadores. 

Tengo mucho que agradecer, pero eso se merece un post especial, será para la próxima.

Ya ha empezado mi Camino y pienso llegar hasta el final... pasito a pasito.


miércoles, 27 de julio de 2011

El tren a Burdeos (MARGUERITE DURAS)

Bien, toca distraerse un poco y olvidarme del asunto que últimamente ocupa gran parte de mis pensamientos. De momento no estoy muy inspirada para escribir una de mis historias, pero como sabéis que me gusta traer a este blog, de cuando en cuando, algún texto de otros autores, hoy me he decidido por éste de Marguerite Duras, una de mis escritoras favoritas. 



El tren a Burdeos (Marguerite Duras)


Una vez tuve dieciséis años. A esa edad todavía tenía aspecto de niña. Era al volver de Saigón, después del amante chino, en un tren nocturno, el tren de Burdeos, hacia 1930.
Yo estaba allí con mi familia, mis dos hermanos y mi madre. Creo que había dos o tres personas más en el vagón de tercera clase con ocho asientos, y también había un hombre joven enfrente mío que me miraba. Debía de tener treinta años. Debía de ser verano. Yo siempre llevaba estos vestidos claros de las colonias y los pies desnudos en unas sandalias. No tenía sueño. Este hombre me hacía preguntas sobre mi familia, y yo le contaba cómo se vivía en las colonias, las lluvias, el calor, las verandas, la diferencia con Francia, las caminatas por los bosques, y el bachillerato que iba a pasar aquel año, cosas así, de conversación habitual en un tren, cuando uno desembucha toda su historia y la de su familia. Y luego, de golpe, nos dimos cuenta de que todo el mundo dormía. Mi madre y mis hermanos se habían dormido muy deprisa tras salir de Burdeos. Yo hablaba bajo para no despertarlos. Si me hubieran oído contar las historias de la familia, me habrían prohibido hacerlo con gritos, amenazas y chillidos. Hablar así bajo, con el hombre a solas, había adormecido a los otros tres o cuatro pasajeros del vagón. Con lo cual este hombre y yo éramos los únicos que quedábamos despiertos, y de ese modo empezó todo en el mismo momento, exacta y brutalmente de una sola mirada. En aquella época, no se decía nada de estas cosas, sobre todo en tales circunstancias. De repente, no pudimos hablarnos más. No pudimos, tampoco, mirarnos más, nos quedamos sin fuerzas, fulminados. Soy yo la que dije que debíamos dormir para no estar demasiado cansados a la mañana siguiente, al llegar a París. Él estaba junto a la puerta, apagó la luz. Entre él y yo había un asiento vacío. Me estiré sobre la banqueta, doblé las piernas y cerré los ojos. Oí que abrían la puerta, salió y volvió con una manta de tren que extendió encima mío. Abrí los ojos para sonreírle y darle las gracias. Él dijo: "Por la noche, en los trenes, apagan la calefacción y de madrugada hace frío". Me quedé dormida. Me desperté por su mano dulce y cálida sobre mis piernas, las estiraba muy lentamente y trataba de subir hacia mi cuerpo. Abrí los ojos apenas. Vi que miraba a la gente del vagón, que la vigilaba, que tenía miedo. En un movimiento muy lento, avancé mi cuerpo hacia él. Puse mis pies contra él. Se los di. Él los cogió. Con los ojos cerrados seguía todos sus movimientos. Al principio eran lentos, luego empezaron a ser cada vez más retardados, contenidos hasta el final, el abandono al goce, tan difícil de soportar como si hubiera gritado.
Hubo un largo momento en que no ocurrió nada, salvo el ruido del tren. Se puso a ir más deprisa y el ruido se hizo ensordecedor. Luego, de nuevo, resultó soportable. Su mano llegó sobre mí. Era salvaje, estaba todavía caliente, tenía miedo. La guardé en la mía. Luego la solté, y la dejé hacer.
El ruido del tren volvió. La mano se retiró, se quedó lejos de mí durante un largo rato, ya no me acuerdo, debí caer dormida.
Volvió.
Acaricia el cuerpo entero y luego acaricia los senos, el vientre, las caderas, en una especie de humor, de dulzura a veces exasperada por el deseo que vuelve. Se detiene a saltos. Está sobre el sexo, temblorosa, dispuesta a morder, ardiente de nuevo. Y luego se va. Razona, sienta la cabeza, se pone amable para decir adiós a la niña. Alrededor de la mano, el ruido del tren. Alrededor del tren, la noche. El silencio de los pasillos en el ruido del tren. Las paradas que despiertan. Bajó durante la noche. En París, cuando abrí los ojos, su asiento estaba vacío.

Espero que lo disfrutéis.

Maravilloso Homer


Hoy, mirándome en el espejo me acordé de Homer y sus bultos de rabia contenida. Me dió la risa.

domingo, 24 de julio de 2011

Incertidumbre


Me comen los nervios. Estoy inaguantable, lo admito. Espero desesperada a que suene el teléfono, igual que una mujer enamorada espera la llamada de su amante, hasta intento utilizar la telepatía mirando fijamente el aparato mientras pienso una y otra vez: "que suene, que suene, que suene... ¡ja!"

El miércoles no pude aguantar más la presión y llamé a mi oncóloga. Tengo que agradecerle que atendiese mi llamada, me dijo que estaba con la programación de mi tratamiento y que si todo iba bien empezaría la próxima semana. Al parecer los resultados de la resonancia han sido tal y como ella esperaba. Se me olvidó decirle qué pasaba con la anemia que padezco y que descubrí cuando recibí los resultados de la revisión anual que nos realiza la mutua en la empresa donde trabajo, justo una semana antes de que me hiciesen la analítica en el IVO. Supongo que será algo normal en todo el proceso, pero eso hace que me sienta cansada y sin ganas de nada.

Los días se eternizan mientras espero y espero. Se que eso no es bueno, que el estrés no es lo mejor para mi en este momento, pero no puedo evitarlo. Y también comprendo que no soy la única enferma de cáncer, que hay miles de pacientes, algunos cientos quizá más urgentes, pero el único pensamiento que anda anclado en mi cabeza es que cuanto antes empiece, antes acabaré con esto.

Por si no tuviese bastante, desde el viernes otro bulto (adenopatía) consistente adorna mi cuello, en el mismo lado que el otro pero un poco más abajo, y duele.. es lo que me faltaba para poder relajarme y esperar tranquilamente a que suene el puto teléfono.

domingo, 17 de julio de 2011

Saber, saber, saber...



Era inevitable pasarme la noche buscando información. Muchos de nosotros conocemos a personas allegadas que han padecido o padecen alguna clase de cáncer: de mama, colon, próstata, ovarios, pulmón, garganta, etc., pero ¿alguien conoce a quien ha padecido un cáncer de cavum? Ni siquiera sabía que existía. Así que antes de acudir a la consulta del IVO buceé por internet en busca de información. Casi todas las páginas serias (Organización Mundial de la Salud, Asociación de Lucha contra el Cáncer) venían a decir más o menos lo mismo, ésta última de forma bastante comprensible y amplia.

Así me enteré de que es un cáncer poco común en España, uno entre 100.000 habitantes, supe de los síntomas que provoca, cosa que me tranquilizó ya que muchos de ellos se dan en estadios avanzados y yo aún no los padezco, que su tratamiento consiste generalmente en sesiones de radioterapia combinada con algo de quimio y que suele dar buenos resultados. Pero lo que más me ayudó a entender fue encontrarme con el Blog de Manu, un hombre con una gran fuerza que cuenta esta dolorosa experiencia.

Pues bien, el 14 de junio por la mañana, después de pasar la noche sin apenas pegar ojo, me fui al IVO. En la ventanilla del servicio de otorrinolaringología entregué a la enfermera la carta que llevaba de mi médico, Tuve suerte, el doctor al que iba dirigida la carta estaba pasando consulta en ese momento, así que a los cinco minutos tenía de nuevo ante mi a la enfermera que me mandó a admisión para que confeccionasen mi historia y que el doctor pudiese atenderme.

Esperé un poco más de media hora hasta oír mi nombre por los altavoces. El otorrino del IVO es un hombre joven y a mi parecer muy eficiente. En primer lugar procedió a someterme de nuevo a la ligera tortura que supone la introducción del dichoso tubito por la nariz. Tonta de mi, no sabía que la tortura verdadera venía a continuación. El doctor me dijo que tenía que hacerme una biopsia y para ello debía aplicarme anestesia local que introdujo con un algodón por la nariz y con un spray por la boca, dirigiéndolo directamente a la garganta. Me durmió la nariz y hasta los labios, pero el puñetero cavum está donde cristo perdió el gorro, así que cuando pinzó un poco de carne, abriéndome las fosas nasales, pensé que me arrancaba la garganta al completo. Tuve la nariz dolorida durante dos días.

Cuando por fin terminó, me dijo que me llamarían a casa para empezar a hacerme las pruebas que necesitaban, y ya en ese mismo momento me dieron cita para una analítica completa y una resonancia de cabeza y cuello. Tampoco habló de cáncer, pero no hacía ninguna falta, porque tampoco nombró la posibilidad de que aquello no lo fuese y es lo primero que hace un médico cuando no está completamente seguro del diagnóstico. 

Las siguientes tres semanas las pasé yendo y viniendo. El doctor volvió a citarme para confirmar el diagnóstico: cáncer de cavum,  y comunicarme que me llamaría la oncóloga que llevaría mi tratamiento. Me hicieron la analítica, una resonancia, una placa de tórax, al parecer para comprobar si hay metástasis a distancia, o lo que es lo mismo, si alguna célula viajera ha tenido la genial idea de largarse por ahí a hacer de las suyas. Hablé con mi oncóloga, una doctora que me explicó con todo detalle en que consistiría mi tratamiento y los efectos secundarios que conlleva en rasgos generales, ya que cada paciente responde de forma distinta, pero podía ir haciéndome a la idea de que iba a pasar una temporada difícil. Hablaba con total sinceridad, pero sin dramatismo, cosa que me gustó mucho. Luego, ella misma solicitó dos TAC, uno de tórax y abdomen, y otro con el fin de confeccionarme una especie de máscara o molde de mi rostro que utilizarán en cada una de las sesiones de radioterapia.

La pasada semana terminé con las pruebas, ya tengo mi preciosa máscara (como en carnaval) y estoy a la espera de que me avisen para empezar con el tratamiento. Agradezco a los doctores que me han visitado su amabilidad, el no haber intentado ocultarme nada y la rapidez con la que me han atendido. 

Estoy tranquila, no tengo opción B, así que tengo que quedarme con la A, sí o sí. Y la A significa seguir al pie de la letra las indicaciones de los médicos, y afrontar lo que venga con total serenidad y una buena ración de optimismo.

Seguiré escribiendo mi experiencia en la medida de lo posible, gracias por pasar por aquí.

jueves, 14 de julio de 2011

El principio


Fue en Enero cuando se encendió una pequeña luz anaranjada. O quizá fue antes, en Navidad, aquél día que amanecí sin voz y pensé ¡menudo catarro! aunque no me parecía que aquello fuese un resfriado normal de esos que sientes como comienzan su ataque: congestión nasal, dolor de cabeza, molestias de garganta. Nada, ninguno de esos síntomas, sólo una afonía que sufrí al menos durante tres semanas y que hizo que mi voz perdiese su tono habitual para tornarse ligeramente nasal. Pero entonces, ignoraba eso del virus de Epstein-Barr y la mononucleosis.

Así que fue en Enero cuando descubrí que se me había formado en el lado izquierdo del cuello, bajo la mandíbula, un bulto consistente que se percibía de forma bien visible sin necesidad de palparlo. Otros dos o tres muchos más pequeños aparecían desperdigados por todo el cuello. No me producían molestia alguna pero me preocupaba la causa de su aparición, así que fui a la consulta de mi médico de cabecera, al que le comenté también cuánto me duraba la dichosa afonía. La doctora me recetó unas pastillas para la garganta y sin levantarse siquiera de la silla para mirar o tocar aquél bulto de mi cuello, me dijo que era un ganglio inflamado que desaparecería por si sólo al cabo de unos meses.

No se cual fue el motivo que me impulsó a tomar la decisión de acudir a una consulta privada, quizá que aún sin sentirme enferma, no era la de siempre. Afortunadamente el doctor que ha atendido a mis hijos desde que  eran pequeños, vive en mi mismo edificio, es un médico de confianza y muy meticuloso, así que acudí a su consulta. Él sí que me realizó una exploración completa del cuello y lo primero que me aconsejó fue que me realizasen una analítica para detectar el virus de la mononucleosis infecciosa. Así lo hice, pero el resultado fue negativo, lo que no significaba según su opinión que no lo hubiese padecido con anterioridad. Sin darse por satisfecho me dijo que debería acudir a un otorrino para una exploración completa.

Como no me apetecía volver a pasar por mi centro de salud, y quizá pelearme con la doctora, para en el caso de que me me tomase en cuenta, esperar dos o tres meses a que se dignase verme el especialista, le pedí a mi vecino doctor que me recomendase a un otorrino de su confianza, y así lo hizo.

Esa misma semana, sobre el veinti y algo de Enero fui a ver a mi otorrino. Es un doctor de edad avanzada, con mucha experiencia y bastante renombre. Después de realizarme una exploración de oídos y garganta, me sometió a una "pequeña tortura" que consistía en introducir un tubo flexible provisto de una diminuta cámara en un extremo, a través de mis fosas nasales. El artilugio iba grabando su recorrido por el interior de mi nariz hasta llegar a la laringe. Cuando terminó se dispuso a explicarme lo que se iba viendo en aquella película que parecía una excursión de espeleología... parece mentira lo que tenemos por allá dentro. 

Todo era muy normal, no es fea nuestra nariz por dentro, no. La cavidad presenta un aspecto nacarado y liso, cubierto por una sustancia transparente y brillante. Entonces descubrí el cavum. Justo en su centro aparecía un pequeño tumor del tamaño de una lenteja. El doctor no le dió más importancia, los médicos a todos los bultitos que aparecen en cualquier parte de nuestro organismo les denominan tumores, lo que no significa que sean peligrosos, aún así era algo que debía controlarse periódicamente porque podría cambiar de aspecto o transformarse en otra cosa. Me recetó un antibiótico porque debido al "catarro" la zona de la garganta presentaba una ligera inflamación y quedé citada para Febrero.

Cuando volví en Febrero, volvió a explorarme de la misma forma en que lo había hecho la primera vez, y el resultado no podía ser mejor. La "lenteja" había disminuido de tamaño y la zona presentaba un aspecto inmejorable, sin la ligera inflamación que tenía antes. Aún así, el doctor me citó para el mes de Junio, con el fin de controlar cada cierto tiempo la evolución del pequeño (ahora diminuto) tumor. En cuanto al bulto en el cuello era consecuencia del tumor del cavum y parecía que poco a poco iba también encogiéndose.

El 13 de Junio por la tarde estaba citada de nuevo, y acudí a la consulta acompañada de mi hermana y mi hija, queriendo aprovechar la tarde para ir de compras. No podía imaginar que ese día, mi vida iba a dar un giro inesperado. Después de la consiguiente tortura a la que me iba acostumbrando paulatinamente, pasamos a visionar lo que la cámara había grabado. Todo presentaba un aspecto completamente normal hasta llegar a la zona del cavum, de la que había desaparecido el pequeño tumor, y en su lugar presentaba una textura granulosa que el doctor identificó al instante. No me dijo claramente que aquello se había convertido en un cáncer, pero cuando me comunicó que me iba a escribir una nota para el jefe del servicio de otorrinolaringología del IVO (Instituto Valenciano de Oncología), al que tenía que visitar al día siguiente, no albergué ninguna duda. 

No sentí miedo, no sentí nada, era como si no tuviese que ver conmigo, no pasó por mi mente en ningún momento que aquello podía ser muy grave, creo que sólo creí firmemente que se trataba simplemente de una enfermedad como cualquier otra, que tenía un tratamiento un tanto agresivo, sí, pero soportable, y que después de pasar una temporada seguramente muy dura, volvería a mi vida de siempre después de despertar de una pesadilla.

No pretendo alarmar a nadie, la mayoría de bultos en el cuello no revisten mayor importancia, pero estos días he pensado en más de una ocasión en lo que podría haber ocurrido si hubiera hecho caso a la doctora y hubiese esperado a que aquello desapareciese por si sólo, o simplemente mi economía no me hubiese permitido acudir a la consulta privada de un especialista. Es intolerable que ante unos síntomas que pueden no ser nada o tratarse, por el contrario, de algo grave, alguien que sustenta el título de Doctor se quede sentada en su silla sin tomarse la más mínima molestia. Lo que hubiese ocurrido es que cuando los síntomas fuesen graves: hemorragias nasales, pérdida de oído, etc., seguramente el tumor sería lo suficientemente grande para que, en el mejor de los casos, el tratamiento fuese mucho más agresivo de lo que será al haberlo detectado pronto.

Me ha dado por pensar que la vida me da una segunda oportunidad, son muchas las personas que salen un día de casa y no regresan: un fulminante ataque cardíaco, un accidente de coche, una mala caída... y todo se acaba en un segundo. Sin embargo, yo tengo la posibilidad de un tratamiento que resulta positivo en un elevado porcentaje, así que mi ánimo no puede estar mejor, tanto que en ocasiones soy yo quien despeja la preocupación que esta enfermedad causa a mis seres queridos y acaban tan animados como yo, de eso se trata.

Así que, permitidme un consejo, lo que menos necesita esa persona a la que queréis y que acaban de diagnosticarle un cáncer son lágrimas, compasión, lamentos. Necesita esperanza, quitarle importancia a la situación, ayudarla a creer firmemente que no es el fin del mundo, que su enfermedad tiene curación y ese ánimo será el motor para que su organismo reaccione bien y la medicación tenga un efecto mucho más favorable.

El 14 de Junio acudí al IVO...


martes, 12 de julio de 2011

Cosas de la vida



Hace algunos años, en el 2005, escribí este texto:

Hoy hablo de la vida, pero no de la mía, no, de la vida en general. Esa vieja casquivana que nos lleva y nos trae a su antojo. En ocasiones, se presenta como una madre amantísima, que nos cuida, nos regala alegrías, nos presenta al amor, nos trae fortuna. Entonces la amamos y los ojos nos hacen “chiribitas”. Florecen los campos de nuestro corazón, revolotean las mariposas, los pajarillos cantan y las nubes se levantan. Todo así de bonito y romántico.

Pero ella, la vida, es muy puta. Y un día se levanta con ganas de follar. Y nos jode. Pobre del que se cruce en el camino de su mirada, pobre del que ella elija para dar rienda suelta a su pasión malsana, pobre del que, la puta vida, quiera convertir en el amante que la lleve a un orgasmo aterrador... pobre.

Tiene varios métodos para hundirnos en la miseria. Y depende del humor en que se encuentre utiliza uno u otro.

A veces, empieza poco a poco. El individuo elegido se da cuenta que algunas pequeñas cosas empiezan a salirle mal. Sufre molestias de cualquier tipo: de salud, mal de amores, económicos. Todo empieza a enredarse. Las flores se marchitan, los pajarillos se mueren o emigran, las mariposas pierden sus colores. Parece como si un pintor maligno le hubiese dado por usar sólo el gris para realizar su obra. Y todo se oscurece. 
Otras veces, el cambio sobreviene de forma repentina. ¡Zas! Y de pronto  cae sobre ti la maldición como si una bruja furiosa se hubiese cruzado en tu camino. Empiezas a recibir tortazos por todas partes, sin saber de dónde vienen.

En sus dos modalidades el resultado es el mismo: la victima empieza a odiar la vida, y eso a ella le pone, y mucho. Cuando más se excita, más crueldad muestra en sus acciones. El pobre elegido se angustia más y más, con cada nuevo día. Y ella le estruja, sin compasión, le humilla, le convierte en una mierda, una piltrafa humana... hasta que, hundido en la más absoluta miseria, desea la muerte.

La vida que ya siente el sexo palpitante y húmedo, se para a pensar un momento. O lo echa a suertes: ¿dejo que este imbécil me abandone y se eche en brazos de la muerte? ¿le doy una esperanza?. Y tira los dados. Si gana el imbécil, le pone cerca una pistola, una cuerda, unas pastillas, una cuchilla o una azotea de un octavo piso. Y ella se corre. Si pierde el imbécil afloja un poco la soga de su cuello, le da un respiro. Y el pobre tonto se cree a salvo, claro, después de tanto dolor, la simple ausencia de él, ya le hace ser feliz. Y da gracias a la vida por una segunda oportunidad. Y ella se corre.
La conozco, la conozco muy bien.

Por eso, atesoro los momentos mágicos que le robo y los recreo, una y mil veces, para que no se me olviden. Los tengo bien guardados, esa vieja zorra no me los robará jamás. Cuando ella está ocupada en otros menesteres o intenta que la odie, yo los saco uno a uno, cierro los ojos, y vuelvo a aquel momento:

Al hermoso sueño que tuve una noche hace ya mucho tiempo.
A la tarde que pasé con mi padre, planeando las vacaciones, sin saber que eran las últimas horas que pasaría con él.
A las vacaciones con mi abuela.
Al día que mi madre salió de una delicada operación.
Al día que nacieron mis hijos.
A la mirada de amor  adolescente recién estrenado.
Al primer beso que me dio mi marido.
A mi primer orgasmo.
A la última vez que reí a carcajadas.
Al primer encuentro con mis dos amigas más queridas.
Al momento en que escuché por primera vez una voz largamente soñada.
A una tarde que empezó a llover mientras me despedía de una persona amada que casi acababa de conocer.
Al momento en que leí un hermoso texto que un ser querido y admirado me dedicó por sorpresa.
Al día que escribí mi primer relato.
A la canción que me hace llorar.

Podría seguir y seguir enumerando momentos que ella, casi sin darse cuenta, me regaló. Algún día se levantará con ganas de joderme viva, y lo hará, seguro. A lo mejor sobrevivo, o no. Ella se correrá de todas formas. Pero se dará cuenta que la tengo calada y que a mí no me engaña con sus carantoñas.

Eres muy puta, vida, que lo sepas.
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No se que fue lo que me inspiró en ese momento, ni si estaba pasando por un ligero bache emocional, sinceramente no me acuerdo, por lo que supongo que en el caso de que así fuese no debió resultar trágico en exceso o lo recordaría, pero en estos últimos días este texto volvió a mi memoria.

He meditado mucho antes de escribir aquí algo tan personal como lo que me propongo contar, no es mi intención crear morbo o inspirar compasión, no, gracias, no necesito ninguna de las dos cosas, sin embargo pienso que quizá pueda servir de ayuda a alguien que pueda encontrarse en mi misma situación y que como hice yo misma acuda en busca de información (es inevitable), cuando un día cualquiera en una exploración que parecía rutinaria le diagnostiquen un cáncer de cavum.

¿Qué coño es el cavum? es lo primero que se piensa ¿por dónde para eso? Si habéis pinchado en el enlace ya podréis contestar esas preguntas, si por el contrario no os apetece hacerlo, os lo cuento de una forma sencilla. Es la parte más alta de la faringe, justo por delante de la columna cervical y en él desembocan las fosas nasales y las trompas de Eustaquio. No suele estar relacionado con el consumo de tabaco o alcohol, sin embargo es frecuente encontrar en las células tumorales restos del Virus de Ebstein-Barr que produce una enfermedad llamada mononucleosis infecciosa o enfermedad del beso. Sólo un pequeño porcentaje de individuos que hayan padecido esta enfermedad desarrollan este tumor. Y yo soy una de ellas. 

Pero lo mejor es empezar desde el principio, y si me lo permitís lo haré mañana mismo, hoy llevo un día un poco ajetreado.


miércoles, 15 de junio de 2011

Estreno mundial

Queridos amigos, lectores, seguidores y a cualquiera que por pura casualidad haya caído en El Patio, en primer lugar quisiera disculparme por el abandono en el que tengo últimamente a mi querido blog, os aseguro que ha sido del todo involuntario, una mala racha, una temporada extraña que espero dar por terminada. Ya se, ya se que quizá alguien estará pensando: "nadie ha preguntado por ti, que lo sepas" y tendrá razón, pero como no puedo ir preguntando uno por uno, es más bonito pensar que me habéis echado de menos. Bien, haré lo posible por venir más a menudo para seguir contando historias para aquél que le apetezca leerlas.

Y para entretener la espera, he traído una película excepcional. El trabajo realizado por un puñado de actores noveles, totalmente desconocidos en el mundo del cine, es digno de mención. Para su realización, fueron necesarias 558 tomas falsas (no me han dejado ponerlas, pero son para partirse el culo), dos docenas de petardos falleros, la reconstrucción de una cabaña en plena selva, y dos o tres millones de risas y carcajadas. Y del dominio del idioma inglés, ni os cuento.  Pero lo mejor será que asistáis al pase especial y privado que sólo tendrá lugar aquí, en "El Patio de Atrás"
No os perdáis los créditos, después del The End. Los chicos se curraron el trabajito de Inglés... un aplauso, aunque sea chiquitito.


domingo, 24 de abril de 2011

Domingo de Resurrección

Música por partida doble, a ver si alegramos la mañana con un poco de optimismo.
Primero y por cortesía de mi querido amigo D. Alfredo García Francés este vídeo de música colombiana:



La sencillez hecha canción, me encanta este hombre:



Feliz domingo.

lunes, 18 de abril de 2011

Para negar tu amor (AUTOR: LINA ZERÓN)





Para negar tu amor



Para negarte tendría que cortarme las manos,
pudrirme dulcemente por el sexo…
Sabes cómo odio negarte.
Y odio esta sensación de estar atada a tu cuerpo.
La lluvia de mis ojos es ácida
si tú no la provocas.

Para negarte tendría que matar mis sueños,
apagar la luz casi desnuda de mis párpados
y arrancar tus arlequines miembros
dibujados con magia, con movimientos de lluvia.

Si no estás tú
grito en el teléfono,
te nombro, alaridos doy.
Odio esta orfandad que se apodera de mis sábanas.


De "La spirale du feu" 1999

Ed. L’Harmattan, París

jueves, 14 de abril de 2011

¡Por fin!

Después de un duro debate en el que todo opinan pero YO tengo la última palabra (para eso me he pasado días  buceando por internet en su busca) la encontré... ya tenemos casa para pasar una quincena de Julio en nuestra querida Asturias. En el destino todos estábamos de acuerdo, y entre varias posibilidades: playa, pueblo pesquero, zona turística o montaña, ganó esta última. Aquí está:


Está en un pequeñísima aldea del concejo de Piloña, a 13 kilómetros de Infiesto, y a 4 del Parque Natural de Redes, no hay internet y poco teléfono móvil. Rutas de senderismo, naturaleza, tranquilidad y relajación. Y hasta podemos llevar a nuestra perra, que también tiene derecho a desfogarse ¿Qué más se puede pedir?
Ya lo dice el refrán: "La cabra siempre tira al monte".

miércoles, 6 de abril de 2011

Impotencia versus incompetencia


La historia que me propongo narrar no es fruto de mi imaginación, no, aunque a veces pueda parecerlo, la he vivido en primera persona, y estoy segura que no soy la única. La cosa va de esa horda de incompetentes con los que nos encontramos todos los días, ocupando puestos de responsabilidad en los organismos oficiales o (des)informando a los sufridos ciudadanos que tenemos la ocurrencia de solicitar sus servicios. Y lo peor de todo esto es que sus sueldos salen de nuestros bolsillos pero nos encontramos impotentes ante su incompetencia. Si no fuera para llorar, me partiría de risa.

Debido a mi profesión utilizo con frecuencia los portales que el estado pone a disposición de ciudadanos y empresas. Uno de ellos, del Servicio Público de Empleo, es el llamado Redtrabaj@. En la empresa donde trabajo, prestan sus servicios trabajadores en distintas circunstancias: fijos, fijos discontinuos y eventuales. Para quien no esté muy ducho en el tema aclararé que “fijo discontinuo” es aquél trabajador que tiene la condición de fijo pero no trabaja todo el año.

El portal indicado dispone de diversas aplicaciones para empresarios y usuarios. Éstas últimas no sé cómo funcionan pues nunca las he utilizado, pero sí uso con frecuencia algunas de las que se ponen al servicio de las empresas: Contrat@, para comunicar al Servef los contratos concertados con los trabajadores o llamamientos a la actividad para los fijos discontinuos, Certific@2, para remitir al Servef los certificados de Empresa a la finalización de los contratos.

Ocurre que en ocasiones, por puntas inesperadas de producción se hacen llamamientos a trabajadores fijos discontinuos que tienen una muy corta duración. Esto es beneficioso para el trabajador, pero también un coñazo, y me explico. Hasta hace poco, cada vez que el trabajador acudía a la empresa debido a uno de esos llamamientos tenía que dejar en suspenso la prestación que pudiese estar percibiendo y volver a reanudarla al terminar su labor. Si esto ocurría tres o cuatro veces en dos meses, os podéis imaginar el lío de papeleo que esto suponía, además del consabido retraso en el cobro de la citada prestación.

La aplicación Certific@2 incorpora un servicio llamado “Comunicación de los periodos de actividad para trabajadores fijos discontinuos”… de puta madre, pensé cuando lo descubrí, es lo que hace falta para hacerles las cosas un poco más fáciles a los trabajadores, pues se trata de comunicar cada mes los días en los que han prestado servicios en la empresa, días que el Servef descontará de la prestación mensual que tuviesen que percibir. ¡Ja! ¿fácil?

Descargué los listados con los códigos que solicitan en el impreso, descargué el manual de usuario y me puse manos a la obra ayudada por el asistente para archivos HTML que se incluye en la aplicación. Era fácil se trataba de rellenar los datos solicitados y el asistente se encargaba de convertir el archivo, que una vez listo se remite al Servef a través de la misma página. Pero el problema se presentó cuando no sabía qué pedían en algunos de los apartados que debía rellenar.

En el portal aparece un teléfono de atención a Empresas así que llamé. Después de hablar con cuatro operadores que me respondían a cuestiones que yo no preguntaba, la respuesta que me dieron es que allí no había ningún asesor para la aplicación mencionada: “Comunicación de los periodos de actividad de los trabajadores fijos discontinuos” y que mandase un correo al buzón de ayuda que aparecía en la misma página. Respiré hondo después de haber perdido más de media hora al teléfono y mandé un correo a la dirección indicada.

Me respondieron en menos de cinco minutos, esto:

PARA PODER DAR CONTESTACIÓN A SU CONSULTA, REMÍTALA INTEGRAMENTE A:
(y aquí una dirección de correo electrónico que no voy a desvelar)

Envié un e-mail con el siguiente texto:

Buenas tardes,

Me he puesto en contacto con el buzón de la página web de Redtrabaj@, y en su respuesta me remiten a esta dirección de correo electrónico. Las dudas que les planteaba eran sobre la “Comunicación de Periodos de Actividad de los trabajadores fijos discontinuos” y son las que a continuación indico:

1)     1) Coeficiente actividad; Pienso que el código se refiere al archivo TKFCOEFI pero no entiendo qué significa.

2)      2) Periodo de actividad: Supongo que se refiere al periodo sobre el que voy a comunicar el intervalo de actividad.

3)     3)  Intervalo de actividad: Supongo son los días que el trabajador en cuestión ha prestado sus servicios en la empresa.

4)     4) Fecha de situación de la actividad: No sé a qué fecha en concreto se refiere.

Esperando puedan aclarar estas dudas, reciban un cordial saludo.

A la mañana siguiente, hoy, recibí la respuesta. La firmaba el Jefe de Grupo de Prestaciones de la Subdirección Provincial de Valencia (nada más y nada menos) y decía lo siguiente:

Buenos días,

En primer lugar, les indico que según el art. 1.3 de la Orden TIN/790/2010 de 24 de marzo (BOE de 30 de marzo)(Esto nunca puede faltar en una carta oficial) no existe obligación de enviar la información de los periodos de actividad por medio de Certific@2. Podrían seguir entregando los certificados de empresa correspondientes a los trabajadores en formato papel. (Digo yo que nadie le preguntó por los certificados)

Así mismo, les recuerdo que los periodos de inactividad de los trabajadores fijos discontinuos deben aparecer de baja en la empresa en la vida laboral de dichos trabajadores (comunicación TGSS por medio del sistema RED)(¡No me digas! Y yo que creía que aunque no trabajasen tenían que estar de alta todo el año)

Con respecto a las preguntas que plantean, les comunico que pueden consultar la documentación que está disponible en la web Redtrabaj@ (aquí la dirección) o llamar al teléfono de atención a la empresa (aquí el teléfono)

Reciban un cordial saludo.

La próxima vez llamó a los pelochos, seguro que me hubiesen informado mejor. Pandilla de… orangutanes que mejor estaban rascándose el culo contra un árbol. Perdón, debo pedir perdón a los orangutanes, la comparación es francamente denigrante para ellos.
Cabreada como estaba ante la estupidez de la respuesta no me pude, ni me quise contener y le contesté:

Buenos días:

Gracias por su respuesta, pero mucho me temo que nuestras dudas siguen sin despejarse.

En primer lugar, en el teléfono de atención a empresas, donde llamé antes de dirigirme a usted, me comunican que no cuentan con ningún asesor para las “Comunicaciones de actividad de trabajadores fijos discontinuos” por lo que no pueden ayudarme, así que me remiten al buzón de ayuda de la web. Mando un correo con mis preguntas al citado buzón y me remiten a su correo electrónico.

En segundo lugar, nuestras dudas no se refieren a los certificados de empresa, que hace años que remitimos vía telemática sin ningún problema. También sabemos que los fijos discontinuos deben aparecer de baja en la empresa en los periodos de inactividad (nada tiene que ver con el problema que nos ocupa).

En tercer lugar, los manuales de la web dejan mucho que desear ya que omiten la explicación de cómo rellenar los datos que solicitan al utilizar el asistente para archivos HTML, por lo que no sirven para nada.

Nuestra consulta va dirigida a poder remitir al Servicio de Empleo los periodos cortos de trabajo de los trabajadores fijos discontinuos cuando ya han terminado la campaña y se les hace un llamamiento de pocos días. Estos trabajadores están percibiendo algún tipo de prestaciones por lo que tienen que paralizar su cobro y volverlo a reanudar. Según entendemos es para estos casos que se pone en marcha las “Comunicaciones de actividad de trabajadores fijos discontinuos” y no entendemos cómo es posible que nadie sepa darnos una respuesta para una aplicación que está disponible en la web de Redtrabaj@.

Saludos,

¡Ajá! No os lo vais a creer pero dio resultado, seguramente le toqué la moral y por fin respondió a mi demanda:

El teléfono (aquí el número) debe dar respuesta a las consultas de Certific@2 de las empresas como puede ver en (aquí la dirección de la web).

Aunque esta unidad no atiende directamente a empresas, seguidamente respondemos a sus cuestiones:

1)      Sí, se refiere a los indicados en el fichero TKCOEFI. El coeficiente multiplicador para el cálculo de días de prestación sólo se aplica en ERES de suspensión de días sueltos y en algunos regímenes distintos del RGSS. Fuera de estos casos, no se multiplica el número de días de prestación por ningún coeficiente distinto de 1.

2)      Periodo de actividad: el mes sobre el que se manda la comunicación.

3)      Intervalo de actividad: los rangos de días en los que se divide el periodo. Por ejemplo, el mes de marzo (periodo de actividad) se podría dividir en 3 intervalos (del 1 al 5 de trabajo, del 6 al 20 de prestación y del 21 al 31 de trabajo).

4)      Fecha de situación de actividad: la fecha de inicio y fin de los intervalos.

Atentamente.

Y digo yo ¿no podría haberme respondido así la primera vez? ¿no debería llamar al servicio de atención a empresa y ponerlos firmes?

Al menos me sirvió para saber qué hacer de ahora en adelante cada vez que me encuentre con incompetentes… tocarles las pelotas hasta que no les quede más cojones que hacer su trabajo como corresponde, que para eso les pagamos.

PD: Disculpad la extensión del post pero me resultó imposible reducirlo.

lunes, 4 de abril de 2011

Política y más



El jueves por la noche acudí a un acto político. Ni se (ni quiero contarlos) los años que han pasado desde la última vez que lo hice. Pero éste era algo especial, al que debía y quería asistir: una de mis mejores amigas, a la que conozco desde hace más de 30 años, presentaba su candidatura como cabeza de lista para las elecciones municipales de su localidad, por el PSOE. El partido era lo de menos, lo que pretendía con mi presencia era darle todo mi apoyo a la nueva tarea que se propone emprender, infundirle ánimo y confianza.

Mi amiga es una mujer honesta y honrada a carta cabal, seria, responsable en su trabajo, eficiente, vital, intachable. Goza de la confianza de sus vecinos y conocidos. Posee un carácter afable, y resulta francamente difícil “sacarle de sus casillas”. Sabe escuchar a los demás pero sin dejarse ningunear. Tienes muchas posibilidades para convertirse en Alcaldesa de su pueblo, y estoy segura de que en ese caso, puede desarrollar una muy buena gestión, si le dejan. Eso es lo que quise transmitirle acompañándola en ese acto tan importante para ella.

Estaba muy guapa, pero no con esa belleza fruto de un buen maquillaje (que también), si no con la que nace en el interior y se refleja en el rostro, haciendo que la piel aparezca tersa y brillante y los ojos se llenen de una luz que ilumina todo a su alrededor. Noté que estaba ilusionada y feliz, que cree firmemente en que puede mejorar la gestión municipal en su pueblo, que guarda la incertidumbre de esta nueva etapa de su vida, escondida en algún profundo rincón de su mente.

Su intervención fue sencilla, un corto discurso sereno, carente de exaltaciones al partido ni virulentos mensajes en contra de la oposición. Habló de sus proyectos, de su firme propósito de escuchar a sus convecinos, de transparencia, de honradez…

Cuando terminó su discurso nada me retenía allí, pero me quedé sentada hasta que aquello terminase. Habría tenido más que suficiente con la intervención del secretario del partido en el municipio, casi un mitin repleto de críticas a la oposición, salpicado con frases agresivas que para nada se correspondían con el acto que se estaba celebrando. Después le tocó el turno a la alcaldesa de otro municipio, y candidata en las listas del partido para las autonómicas. A la mujer se le notaba que tenía algunas tablas, salpicó su discurso de algunos toques de humor, alabó la gestión (a todos los niveles) de su partido en la oposición, y por supuesto criticó al gobierno actual de la Generalitat. Pero sobre todo, no olvidó apoyar a la verdadera protagonista de la noche, sabía a lo que había venido.  

No dejará de sorprenderme la facilidad que tienen los políticos para medir con distinto rasero las acciones de sus representantes y las de sus oponentes. Es increíble. No sé si de verdad creen en lo que dicen o su cinismo no tiene límite. Perdí la cuenta de las veces que escuché aquello de: amigos y amigas, vecinos y vecinas, valencianos y valencianas, nuestros diputados y diputadas, ministros y ministras… ya pensaba que dirían “votantos y votantas”, pero no, que “votantes” es del género neutro. Así que una intervención que podría durar 10 minutos se convierten en 20 por obra y gracia de la igualdad de sexos. Y es que de verdad creen que así demuestran que la tan cacareada igualdad es un hecho cierto… ¡chorradas!

¿Algún partido de los grandes ha nombrado en sus discursos, en sus proyectos, el equiparar algún día las pensiones de viudedad? Eso sería un gran paso hacia la igualdad.

Mi padre empezó a trabajar siendo apenas un crío en las minas asturianas, se casó joven y decidió, con su mujer, venir a Valencia. Aquí encontró trabajo en la metalurgia y se quedó en la misma empresa hasta que cerró en una de tantas crisis de la construcción. Tenía 58 años. Mientras él trabajaba para traer el sustento a casa, mi madre hacía milagros para que siempre hubiese un plato de caliente en la mesa, cuidar de su marido y sus tres hijas, ahorrar para poder pagar la hipoteca de un piso que tanto sacrificio les costó comprar, que nosotras estudiásemos en el único colegio privado de mi pueblo y que jamás nos sintiésemos inferiores a nuestros compañeros de clase. Los sábados se levantaba a las seis de la mañana para ir al mercado central de Valencia, venía cargada con la compra para toda la semana, sabiendo que en esos viajes ahorraba unos cuantos duros. Confeccionaba la ropa de toda la familia, tejía nuestros jerséis y chaquetas, nos cortaba el pelo… y cientos y cientos de tareas que no se pagan con dinero, no cotizan a la seguridad social, ni por lo que parece hace grande un país.

A los sesenta, mi padre pudo jubilarse con el cien por cien de su pensión, gracias a los años como minero. No era una gran pensión, pero sí lo suficiente para vivir él y mi madre cómodamente, disfrutando de algún viaje de vacaciones cada año, y sin pasar estrecheces. Poco le duró el disfrute, fallecía cuando acababa de cumplir los sesenta y cinco. Y a mi madre le cambió la vida.

A la pena de haber perdido a su compañero de toda la vida, se sumó la preocupación por la situación económica en la que, de pronto, se vio inmersa, ya que la pensión se redujo a casi a la mitad y en este caso, pasó a cobrar la mínima establecida,  y la rabia y la impotencia ante la injusticia que esto supone. Es como si a una le dijeran que como el hombre que la mantuvo durante toda su vida ha fallecido, ella sólo merece esa especie de limosna que el estado tiene a bien otorgarle, como si todos los años dedicados a su hogar, a su familia, a nadie le importasen. Supongo que una llega a sentirse un ciudadano de segunda, una simple comparsa del hombre con el que ha compartido penas y alegrías durante tantos años. Un hombre que de ser el viudo,  disfrutaría de su pensión completa.

Seguro que como mi madre, miles de mujeres en España han pasado y pasarán por la misma situación, sobre todo las madres de mi generación que se dedicaron en exclusiva al cuidado de los suyos y a que a día de hoy siguen haciendo milagros para que la exigua paga les llegue a final de mes. Menos mal que ya están acostumbradas.

Mientras estas situaciones, y algunas otras, no sufran ninguna alteración, no me hablen de igualdad, señores y señoras políticos y políticas, no es que me llamen ciudadana o ciudadano lo que me quita el sueño, a ver si se enteran de una puta vez.

domingo, 3 de abril de 2011

En plena faena


Porque no solo de juergas, comilones, traca, petardos, plantá y cremá vive el fallero. Porque a veces toca subir al escenario y hacer que el público se divierta. Porque todos llevamos a un pequeño artista escondido. ¡Bravo, chicos!

lunes, 28 de marzo de 2011

No quisiera que lloviera AUTOR: CRISTINA PERI ROSSI



No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Bienvenidos a...


... donde tus pecados serán perdonados (sin penitencia previa).

martes, 22 de marzo de 2011

Cualquier parecido con la realidad...




La mujer sube renqueante las escaleras, para en cada rellano, cada día le cuesta más llegar a su piso, el cuarto, un cuarto sin ascensor. Después de tres horas de pie planchando en una de las casas a las que acude tres días por semana, tiene las piernas como botas y apenas puede doblar las rodillas. ¡Puta vida! Piensa, mientras mira hacia arriba contando mentalmente los escalones que se le hacen interminables. A sus setenta y tres años debe seguir trabajando, aunque se le vaya la vida en ello, la mísera pensión que le quedó después de pagar durante años y años el seguro de empleada de hogar, apenas le da para nada. Desde los nueve lleva fregando la mierda de los demás, día tras día, sin vacaciones ni derecho a ponerse enferma. Tenía la esperanza de pasar una vejez tranquila, sin lujos ni apreturas, pero la suerte siempre le dio la espalda. El marido vegeta aquejado de Alzheimer en una clínica que se le chupa la pensión, así que ella tiene que ingeniárselas para que no falte en la mesa un plato de comida. Hace unos días acudió a los servicios sociales del ayuntamiento a ver si podía recibir alguna ayuda, para pagar el recibo de la luz, o el abono social ese que dicen que no pagas la basura y el agua, cualquier cosa por pequeña que fuese le vendría bien. Pero aquella chica cuando se enteró que vivió con ella su hijo soltero, le dijo que ya se podía olvidar de ayudas. Y ¿qué iba a hacer ella? ¿Echar a su hijo de casa? ¿Construir un zulo en el piso y esconderle de por vida? Bastante tiene el pobre, todo el día en la calle buscando trabajo, que desde que se paró la construcción va dando bandazos de un lado a otro y no hay forma. Dentro de nada se le acaba el subsidio y ella no sabe cómo se van a apañar los dos.  ¡Puta vida! Tampoco la hija está en disposición de ayudarla con el marido también en el paro, ella cobrando 300 euros miserables mientras espera que la seguridad social se decida a operarla de una rodilla destrozada por la artrosis y dos hijos que mantener. Ya casi está llegando.

Al lado de la mujer vive una pareja de marroquíes, un matrimonio joven con tres hijos y el que viene. Él trabajó una temporada en la construcción y ahora está cobrando el subsidio de desempleo, mientras hace algunas chapuzas por su cuenta, igual le da lucir una pared, cambiar un grifo o poner un enchufe. No es experto en nada pero cobra poco y en tiempos de crisis la gente se tira a lo barato, aunque el resultado no sea el esperado. Está pensando en montar una frutería con uno de sus primos, anda mirando las ayudas que concede el ayuntamiento para montar un negocio. Ella no trabaja, se ocupa de la casa y los niños, aunque los dos mayores se quedan a comer en el colegio, la comida es gratis y después de mucho protestar han conseguido que les preparen menú musulmán, así que ella se queda en casa con el pequeño y si hace buen día le lleva un rato al parque. Los jueves por la tarde, coge el carro de la compra y se acerca hasta Caritas, allí les dan comida suficiente para la semana, leche, aceite, arroz… un vale para carne y pescado, y otro para el recibo de la luz. Cuando tiene algún problema se acerca a los Servicios Sociales, donde una chica muy amable siempre intenta ayudarla, hasta una vez que estuvo con gripe en cama, le recogían a los niños en el colegio y se los llevaban a casa. No se vive mal aquí, piensa a menudo, siempre tienen algo que echarse a la boca, incluso a veces le manda algo de dinero a su madre que sigue allá pasando calamidades.

Por fin, respira la mujer aliviada, pensaba que no llegaba. Cuando mete la llave en la cerradura, ve a su vecina salir con los niños. La mira con rabia. No es justo, piensa. ¿Dónde estaban estos cuando, siendo una cría apenas, me despellejaba las rodillas fregando suelos? ¿Por qué  sólo por venir de fuera tienen derecho a todo? ¿Y yo? Mira a los niños y se le ablanda la mirada, sabe que no es culpa de ellos, pero no puede evitar sentir como si algo le revolviese las entrañas cada vez que se los cruza en la escalera. ¿Qué hará cuando a su hijo se le termine el paro? ¿Se pondrá a pedir limosna en la puerta del ayuntamiento? ¿Para qué tanto trabajo, tanto sufrimiento? ¿Para qué? Jamás pensó que viviría una vejez tan miserable. Los niños parecen asustados y pasan por su lado agarrándose a esa especie de túnica que lleva su madre, y ella está a punto de llorar. Se mete en casa precipitadamente, no va a permitir que la morita sienta lástima de ella. Hasta ahí podíamos llegar.

Siente la mirada de la mujer clavada en la espalda mientras saca el carrito del bebé. Se va un rato al parque con los niños para que se distraigan hasta la hora de la cena. Siente el odio que le atraviesa las costillas, la rabia contenida. Por la mañana temprano la oye salir de casa, y a veces se asoma por la mirilla y se queda allí mirando cómo se agarra a la barandilla y baja con cuidado cada escalón. No debería trabajar tanto, pero seguramente es una de esas mujeres que nunca tienen bastante, porque seguro que cobra una pensión como todos los jubilados en este país. Tiene casa, hijos y nietos para cuidarla ¿por qué no piensa en descansar tranquila? No puede entender a estas mujeres que la miran con desprecio. Ella no tiene la culpa de que vivan como esclavas, trabajando en oficinas, tiendas, almacenes, fábricas… y luego en casa. Se concentra en bajar la escalera cargada con el carrito del bebé, vigilando a los pequeños para que no acaben rodando por los escalones y cuidando de no tropezar y acabar ella también por el suelo. Se olvida de la vieja.

domingo, 6 de marzo de 2011

Teatro: Tibidabo



Cristina Clemente, autora de "Tibidabo" nos cuenta la historia de dos jóvenes hermanas, Eli y Marta, que en un diálogo directo con el público hablan sobre cómo les cambia la vida cuando a su madre le diagnostican Alzheimer.

Las actrices Alejandra Mandli, Cristina Fernández y María Maroto, éstas últimas conocidas por su trabajo en "L'Alquería Blanca" nos meten de lleno en la historia de una forma dinámica, entretenida e incluso con cierto toque de humor, dentro de la gravedad del problema. Su único objetivo es ocultar la enfermedad a sus padres, intentando preservar su felicidad. Y para ello no dudan en poner patas arriba su vida.

Emociona en ciertos momentos y en otros, la tensión se rompe con algunas situaciones que llegan a provocar la risa, pero sobre todo logra llevar a la reflexión, a entender un poco mejor el proceso de esta enfermedad y lo doloroso que resulta para la familia.

Cuando el fatal desenlace se produce, se dan cuenta de cuánto les ha absorbido y el vacío que se ha creado en sus vidas que durante un tiempo han girado única y exclusivamente alrededor de su madre enferma.

Excelente trabajo el de estas tres jóvenes actrices que logran atraer la atención del espectador desde el primer al último minuto.

sábado, 5 de marzo de 2011

Sucedió que el amor (Final)


(Amor fugitivo de Rodin)


Apenas hablamos durante nuestro encuentro, así que no sabía cuáles eran sus planes. Lo más probable es que volviese con su pueblo en cuanto se recuperase del largo viaje. Me dije a mi misma que era lo mejor que podría ocurrir, haríamos el amor mientras permaneciese con nosotros y para cuando decidiese marcharse ya me habría cansado de él.

Pasé la mañana en la cabaña poniendo un poco de orden, preparé una buena olla de verduras, que mi esposo acababa de recolectar, y añadí gruesos trozos de carne, encendí el fuego y lo dejé haciéndose lentamente mientras me acercaba al río para darme un baño. Quería estar sola y quitarme el salitre del mar que llevaba pegado a la piel. Nos bañábamos en un meandro ancho y profundo de aguas tranquilas que se arremolinaban un poco más abajo adquiriendo velocidad hasta un poco antes de llegar a su desembocadura donde volvían a apaciguarse para buscar el contacto con el mar. El agua estaba helada, y los peces me rozaban las piernas al pasar junto a mí. Me froté el cuerpo y el pelo con un trozo de jabón de los que mi madre me enseñó a fabricar, y me sumergí luego en las aguas serenas y transparentes. Cuando emergí a la superficie vi a mi esposo sentado en la orilla mirándome.

- Estás preciosa – volvió a decir.

Le besé suavemente los labios.

- Creo que Kadir quiere establecerse aquí – dijo de pronto – no con nosotros, en nuestro pueblo, pretende construirse una cabaña en el bosque y empezar una nueva vida. No va a volver con su pueblo. Ha solicitado nuestra ayuda para enseñarle a trabajar la madera, a cambio contribuirá a aprovisionarnos de carne, parece que es un buen cazador.

Yo permanecía en silencio, escuchándole. Acercó su mano a mi rostro y lo alzó hasta que consiguió que le mirase a los ojos.

- ¿Te has enamorado o sólo le deseas? A mi puedes contármelo, aceptaré tu decisión, pero temo por ti, no quiero que sufras, no deseo que te alejes de mí.

- Efrén, esposo mío, no se lo qué me pasa, no puedo darle nombre a esto que siento, pero se que no lo sentí jamás. He sido feliz a tu lado, muy feliz, pero no quiero engañarte, solo pienso en él, mi corazón, mi piel, mi sexo le añoran cada segundo que no le tengo cerca. Ayúdame, no quiero tener que marcharme lejos, no podría abandonar a mis hijos, me moriría. Moriré de igual modo si tengo que renunciar a él. Pero eso es lo que yo siento, no se lo que siente él.

Nuestro pueblo se equivoca, Efrén, no pueden prohibir un sentimiento. Nuestra felicidad no será plena jamás. Sí, el amor es sufrimiento a veces, como la vida ¿no sufres cuando se nos va un ser querido? ¿no sufres cuando alguien enferma? Pero también es alegría, una alegría que no se puede comparar con ninguna otra, sólo se puede entender cuando se siente. Somos los hombres los que ensuciamos el amor, con celos, rencores, venganzas… Debemos enseñar a nuestros hijos que amar no es un castigo de los dioses, pero que tampoco se puede obligar a alguien a amarnos sólo porque nosotros lo deseemos, debemos enseñarles que es un sentimiento libre, que si algún día tienen la suerte de encontrar el amor, quizá sea para siempre, o quizá no. Y que si eso ocurre, deben aprender a aceptarlo y dejar que la persona amada encuentre el amor de nuevo, y darse ellos la oportunidad de hacer lo mismo.

- Espera aquí – dice mientras me acerca una piel que ha traído con él y se levanta para marcharse.

Permanezco sentada esperando a Efrén, preguntándome dónde ha ido tan de repente cuando escucho pisadas a mi espalda. Es Kadir que se acerca sonriente. Se sienta frente a mí y toma mis manos.

- Te amo – dice mirándome a los ojos – pensé que no podía ocurrirme algo así, pero ha ocurrido. No voy a separarme de ti, no ahora que te he encontrado. Deseo con toda mi alma empezar una nueva vida a tu lado. No te voy a pedir que nos marchemos lejos de aquí, no voy a obligarte a abandonar a tus hijos. Podemos formar nuestro propio pueblo, muchos seguirán nuestro ejemplo, estoy seguro. No habrá prohibiciones, nuestros hijos serán libres para amar, podemos hacerlo.

Las lágrimas han ido resbalando por mis mejillas, y él acerca su boca para beberlas. Le abrazo con fuerza y se que mientras nos amemos estaremos juntos venciendo todas las dificultades, se que es ahora cuando empieza mi vida.

Los ancianos de la tribu hablaban del amor, alertaban a los jóvenes imberbes y a las niñas a punto de menstruar sobre los peligros de ese sentimiento maldito, fruto de una imaginación demoníaca que destruiría para siempre su libertad.

Les observo sonriente, escondida tras el tronco de un árbol. Cada vez son menos jóvenes los que acuden a escucharles. Nuestro pueblo del bosque se va nutriendo con nuevas parejas de enamorados, Efrén y Merine viven también con nosotros, por fin ella se atrevió a confesarle su amor. Al atardecer nuestros niños se sientan alrededor de la hoguera a escuchar los cuentos que narramos los adultos, sin miedos ni tabúes.

Nuestros niños aprenden, poco a poco, a vivir y a amar en libertad.