Patio Casa Lobato

Imagen: Manuel García

martes, 25 de noviembre de 2008

El último refugio (FINAL)



Al verle allí, despeinado y sudoroso, con una expresión de sorpresa en el rostro, los ojos brillantes de rabia y la mandíbula apretada, un escalofrío recorre mi cuerpo. A duras penas controlo el temblor de mis piernas y me dirijo a la cocina con la intención de comprobar el estado en que se encuentra Antón. Le oigo bajar las escaleras con rapidez mientras estoy agachada junto al cuerpo malherido. Sólo pienso en que tiene que verle un médico y en ganar tiempo para que los hombres de Ignacio lleguen a tiempo. Un fuerte tirón en el brazo me obliga a levantarme.

- ¿Dónde estabas? – me dice con rabia – te dije que te quedases aquí, esperándome, coge lo imprescindible y vámonos, no tenemos tiempo que perder.

Mientras habla yo permanezco mirando tercamente la garra que me sujeta el brazo, luego levanto los ojos hacia él intentando transmitir con ellos todo el odio que siento.

- ¿Qué le has hecho a Antón? Si le pasa algo juro que lo pagarás muy caro.
- No estás en disposición de jurar nada, y no te preocupes por ese viejo inválido, cuando estemos lejos de aquí puedes avisar a una ambulancia para que vengan a socorrerle, o ya le encontrará mañana la criada. No le hubiese pasado nada si me hubiera dicho donde encontrarte.
- Eres un hijo de puta. No voy a ir contigo a ninguna parte, a ninguna, Ernesto, vas a tener que matarme o aprovechar el tiempo y largarte antes de que te echen el guante.

Sin casi darme cuenta he dejado de temblar, no tengo miedo, una inmensa tranquilidad me embarga.

- Estás loca ¿qué estás diciendo? ¿crees que me he arriesgado a venir hasta aquí para irme ahora sin ti? Eres mi mujer, me debes la vida, desgraciada.
- Te debo la humillación, la agonía, el asco de lo que he vivido estos años a tu lado. Te debo el sufrimiento de mis padres, los castigos a los que sometieron mi cuerpo y mi mente, el engaño, la mentira. Lo único por lo que merece la pena seguir viviendo está aquí: es ese hombre que yace en el suelo, esta casa y mis recuerdos. Puedes llevarme a la fuerza contigo y vigilarme cada minuto de tu vida, porque en cuanto bajes la guardia me escaparé, me mataré, te denunciaré a la justicia o te pegaré un tiro. Puedes coger todo lo que poseemos y largarte para no volver jamás. O puedes matarme ahora, en este momento. Tú eliges.

Se ha quedado un instante en silencio, dudando, como si no acabase de creer lo que está oyendo. Del cinturón saca una pistola, me mira, y me apunta con ella. Mis ojos se cruzan con los suyos un instante, tan solo un segundo, luego los cierro lentamente.

Un fuerte estampido retumba en mis oídos y cuando abro los ojos Ernesto está en el suelo, herido, y tres hombres uniformados le apuntan con sus armas.

- Eva, Eva ¿estás bien?

Es Mario que viene corriendo hacia mí con los brazos abiertos.
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Han pasado ocho meses desde aquella horrible noche. No hace mucho que acabaron los juicios contra los responsables de tanto sufrimiento. Ernesto era uno de los juzgados y condenados por los crímenes y las injusticias cometidas, pasará el resto de su vida en la cárcel junto con otros muchos inculpados. El Presidente se encuentra desaparecido, posiblemente consiguió escapar, pero la justicia no cejará en el empeño de encontrarle. Tras las elecciones, el nuevo gobierno intenta que el país vuelva a la normalidad.

- ¿Se puede saber que estás haciendo, rapacina?
- Siempre igual, te voy a comprar unos cascabeles y ponerlos en la silla, a ver si así te oigo llegar… ¿tu qué crees que estoy haciendo? – le digo mientras acaricio a Cándida y le paso el cepillo sobre el pelo reluciente.
- Deberías reposar un poco, con esa barriga no se cómo puedes andar de acá para allá todo el día.

Me acaricio lentamente la panza y noto los suaves movimientos de mi hijo, ya sólo falta un mes para que nazca, se llamará Mario, como su padre.

En ese momento llegan Fidel y Tomás, dos trabajadores que hemos contratado, con el camión en el que transportan al nuevo semental que hemos comprado. Saber que estaba embarazada me dio las fuerzas que necesitaba para empezar una nueva vida, decidimos dedicarnos a la cría de caballos y el ejemplar que están descargando es el comienzo.

- Ven, entra en casa – me dice Antón sonriendo.
- Espera un poco ¿a qué vienen tantas prisas?
- Anda, ven un momento, quiero enseñarte algo.
- Está bien… Fidel, llévalo a la cuadra, luego voy a darle la bienvenida.

Antón y yo nos dirigimos a la casa. Al llegar ante la puerta me hace señas para que entre primero y al cruzar el umbral un aroma casi olvidado despierta en mí una extraña sensación. Con paso rápido y olfateando sigo el rastro de aquel perfume mientras cientos de recuerdos se agolpan de pronto en mi cabeza. Me asomo a la puerta de la cocina y allí están mi padre y mi madre, con los ojos llenos de lágrimas y la alegría iluminando su rostro.

Tras ellos Mario exhibe esa pícara sonrisa del niño que acaba de cometer una travesura. Ahora entiendo por qué estos días andaban los dos con tanto secretito. Es mi madre la primera que me abraza, envolviéndome con su olor, y las dos nos echamos a reír cuando ella tropieza en mi barriga, luego mi padre se une a nosotras entre risas y lágrimas. Es lo único que me faltaba para sentir que por fin he vuelto a casa, a mi refugio.

PD. Gracias a los que habéis seguido la historia por vuestra paciencia. Prometo firmemente que las próximas serán cortitas.

Des.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

enhorabuena

Des dijo...

Gracias.
Des.

Capri dijo...

no sé si ha sido casualidad; más has elegido el día idoneo para el termino de esta interensantisima narración.

Un saludo

Des dijo...

Sí, seguramente ha sido una casualidad pero me alegra que te parezca un buen día para terminar con la historia. La verdad es que ya tenía ganas de acabarla.
Gracias por tu visita, Capri.
Des.

Tania Alegria dijo...

Con cierto retraso leo el final del "Último Refugio". Aplaudo desde la primera hasta la última línea de ese lograda escritura. trabajo. Buena literatura, Des, hiciste un bellísimo trabajo. Llevado con puño firme del principio hasta el final, agarrador e impactante.

Felicitaciones por el hallazgo.

Con el acostumbrado cariño.
Marién

pcbcarp dijo...

¡Joé! He entrado aquí por casualidad desde el blog de Pau, un gato en el balcón, y me encuentro con una historia que me ha enganchado. Tengo que leerla entera.

Gracias