Patio Casa Lobato

Imagen: Manuel García

miércoles, 15 de junio de 2011

Estreno mundial

Queridos amigos, lectores, seguidores y a cualquiera que por pura casualidad haya caído en El Patio, en primer lugar quisiera disculparme por el abandono en el que tengo últimamente a mi querido blog, os aseguro que ha sido del todo involuntario, una mala racha, una temporada extraña que espero dar por terminada. Ya se, ya se que quizá alguien estará pensando: "nadie ha preguntado por ti, que lo sepas" y tendrá razón, pero como no puedo ir preguntando uno por uno, es más bonito pensar que me habéis echado de menos. Bien, haré lo posible por venir más a menudo para seguir contando historias para aquél que le apetezca leerlas.

Y para entretener la espera, he traído una película excepcional. El trabajo realizado por un puñado de actores noveles, totalmente desconocidos en el mundo del cine, es digno de mención. Para su realización, fueron necesarias 558 tomas falsas (no me han dejado ponerlas, pero son para partirse el culo), dos docenas de petardos falleros, la reconstrucción de una cabaña en plena selva, y dos o tres millones de risas y carcajadas. Y del dominio del idioma inglés, ni os cuento.  Pero lo mejor será que asistáis al pase especial y privado que sólo tendrá lugar aquí, en "El Patio de Atrás"
No os perdáis los créditos, después del The End. Los chicos se curraron el trabajito de Inglés... un aplauso, aunque sea chiquitito.


domingo, 24 de abril de 2011

Domingo de Resurrección

Música por partida doble, a ver si alegramos la mañana con un poco de optimismo.
Primero y por cortesía de mi querido amigo D. Alfredo García Francés este vídeo de música colombiana:



La sencillez hecha canción, me encanta este hombre:



Feliz domingo.

lunes, 18 de abril de 2011

Para negar tu amor (AUTOR: LINA ZERÓN)





Para negar tu amor



Para negarte tendría que cortarme las manos,
pudrirme dulcemente por el sexo…
Sabes cómo odio negarte.
Y odio esta sensación de estar atada a tu cuerpo.
La lluvia de mis ojos es ácida
si tú no la provocas.

Para negarte tendría que matar mis sueños,
apagar la luz casi desnuda de mis párpados
y arrancar tus arlequines miembros
dibujados con magia, con movimientos de lluvia.

Si no estás tú
grito en el teléfono,
te nombro, alaridos doy.
Odio esta orfandad que se apodera de mis sábanas.


De "La spirale du feu" 1999

Ed. L’Harmattan, París

jueves, 14 de abril de 2011

¡Por fin!

Después de un duro debate en el que todo opinan pero YO tengo la última palabra (para eso me he pasado días  buceando por internet en su busca) la encontré... ya tenemos casa para pasar una quincena de Julio en nuestra querida Asturias. En el destino todos estábamos de acuerdo, y entre varias posibilidades: playa, pueblo pesquero, zona turística o montaña, ganó esta última. Aquí está:


Está en un pequeñísima aldea del concejo de Piloña, a 13 kilómetros de Infiesto, y a 4 del Parque Natural de Redes, no hay internet y poco teléfono móvil. Rutas de senderismo, naturaleza, tranquilidad y relajación. Y hasta podemos llevar a nuestra perra, que también tiene derecho a desfogarse ¿Qué más se puede pedir?
Ya lo dice el refrán: "La cabra siempre tira al monte".

miércoles, 6 de abril de 2011

Impotencia versus incompetencia


La historia que me propongo narrar no es fruto de mi imaginación, no, aunque a veces pueda parecerlo, la he vivido en primera persona, y estoy segura que no soy la única. La cosa va de esa horda de incompetentes con los que nos encontramos todos los días, ocupando puestos de responsabilidad en los organismos oficiales o (des)informando a los sufridos ciudadanos que tenemos la ocurrencia de solicitar sus servicios. Y lo peor de todo esto es que sus sueldos salen de nuestros bolsillos pero nos encontramos impotentes ante su incompetencia. Si no fuera para llorar, me partiría de risa.

Debido a mi profesión utilizo con frecuencia los portales que el estado pone a disposición de ciudadanos y empresas. Uno de ellos, del Servicio Público de Empleo, es el llamado Redtrabaj@. En la empresa donde trabajo, prestan sus servicios trabajadores en distintas circunstancias: fijos, fijos discontinuos y eventuales. Para quien no esté muy ducho en el tema aclararé que “fijo discontinuo” es aquél trabajador que tiene la condición de fijo pero no trabaja todo el año.

El portal indicado dispone de diversas aplicaciones para empresarios y usuarios. Éstas últimas no sé cómo funcionan pues nunca las he utilizado, pero sí uso con frecuencia algunas de las que se ponen al servicio de las empresas: Contrat@, para comunicar al Servef los contratos concertados con los trabajadores o llamamientos a la actividad para los fijos discontinuos, Certific@2, para remitir al Servef los certificados de Empresa a la finalización de los contratos.

Ocurre que en ocasiones, por puntas inesperadas de producción se hacen llamamientos a trabajadores fijos discontinuos que tienen una muy corta duración. Esto es beneficioso para el trabajador, pero también un coñazo, y me explico. Hasta hace poco, cada vez que el trabajador acudía a la empresa debido a uno de esos llamamientos tenía que dejar en suspenso la prestación que pudiese estar percibiendo y volver a reanudarla al terminar su labor. Si esto ocurría tres o cuatro veces en dos meses, os podéis imaginar el lío de papeleo que esto suponía, además del consabido retraso en el cobro de la citada prestación.

La aplicación Certific@2 incorpora un servicio llamado “Comunicación de los periodos de actividad para trabajadores fijos discontinuos”… de puta madre, pensé cuando lo descubrí, es lo que hace falta para hacerles las cosas un poco más fáciles a los trabajadores, pues se trata de comunicar cada mes los días en los que han prestado servicios en la empresa, días que el Servef descontará de la prestación mensual que tuviesen que percibir. ¡Ja! ¿fácil?

Descargué los listados con los códigos que solicitan en el impreso, descargué el manual de usuario y me puse manos a la obra ayudada por el asistente para archivos HTML que se incluye en la aplicación. Era fácil se trataba de rellenar los datos solicitados y el asistente se encargaba de convertir el archivo, que una vez listo se remite al Servef a través de la misma página. Pero el problema se presentó cuando no sabía qué pedían en algunos de los apartados que debía rellenar.

En el portal aparece un teléfono de atención a Empresas así que llamé. Después de hablar con cuatro operadores que me respondían a cuestiones que yo no preguntaba, la respuesta que me dieron es que allí no había ningún asesor para la aplicación mencionada: “Comunicación de los periodos de actividad de los trabajadores fijos discontinuos” y que mandase un correo al buzón de ayuda que aparecía en la misma página. Respiré hondo después de haber perdido más de media hora al teléfono y mandé un correo a la dirección indicada.

Me respondieron en menos de cinco minutos, esto:

PARA PODER DAR CONTESTACIÓN A SU CONSULTA, REMÍTALA INTEGRAMENTE A:
(y aquí una dirección de correo electrónico que no voy a desvelar)

Envié un e-mail con el siguiente texto:

Buenas tardes,

Me he puesto en contacto con el buzón de la página web de Redtrabaj@, y en su respuesta me remiten a esta dirección de correo electrónico. Las dudas que les planteaba eran sobre la “Comunicación de Periodos de Actividad de los trabajadores fijos discontinuos” y son las que a continuación indico:

1)     1) Coeficiente actividad; Pienso que el código se refiere al archivo TKFCOEFI pero no entiendo qué significa.

2)      2) Periodo de actividad: Supongo que se refiere al periodo sobre el que voy a comunicar el intervalo de actividad.

3)     3)  Intervalo de actividad: Supongo son los días que el trabajador en cuestión ha prestado sus servicios en la empresa.

4)     4) Fecha de situación de la actividad: No sé a qué fecha en concreto se refiere.

Esperando puedan aclarar estas dudas, reciban un cordial saludo.

A la mañana siguiente, hoy, recibí la respuesta. La firmaba el Jefe de Grupo de Prestaciones de la Subdirección Provincial de Valencia (nada más y nada menos) y decía lo siguiente:

Buenos días,

En primer lugar, les indico que según el art. 1.3 de la Orden TIN/790/2010 de 24 de marzo (BOE de 30 de marzo)(Esto nunca puede faltar en una carta oficial) no existe obligación de enviar la información de los periodos de actividad por medio de Certific@2. Podrían seguir entregando los certificados de empresa correspondientes a los trabajadores en formato papel. (Digo yo que nadie le preguntó por los certificados)

Así mismo, les recuerdo que los periodos de inactividad de los trabajadores fijos discontinuos deben aparecer de baja en la empresa en la vida laboral de dichos trabajadores (comunicación TGSS por medio del sistema RED)(¡No me digas! Y yo que creía que aunque no trabajasen tenían que estar de alta todo el año)

Con respecto a las preguntas que plantean, les comunico que pueden consultar la documentación que está disponible en la web Redtrabaj@ (aquí la dirección) o llamar al teléfono de atención a la empresa (aquí el teléfono)

Reciban un cordial saludo.

La próxima vez llamó a los pelochos, seguro que me hubiesen informado mejor. Pandilla de… orangutanes que mejor estaban rascándose el culo contra un árbol. Perdón, debo pedir perdón a los orangutanes, la comparación es francamente denigrante para ellos.
Cabreada como estaba ante la estupidez de la respuesta no me pude, ni me quise contener y le contesté:

Buenos días:

Gracias por su respuesta, pero mucho me temo que nuestras dudas siguen sin despejarse.

En primer lugar, en el teléfono de atención a empresas, donde llamé antes de dirigirme a usted, me comunican que no cuentan con ningún asesor para las “Comunicaciones de actividad de trabajadores fijos discontinuos” por lo que no pueden ayudarme, así que me remiten al buzón de ayuda de la web. Mando un correo con mis preguntas al citado buzón y me remiten a su correo electrónico.

En segundo lugar, nuestras dudas no se refieren a los certificados de empresa, que hace años que remitimos vía telemática sin ningún problema. También sabemos que los fijos discontinuos deben aparecer de baja en la empresa en los periodos de inactividad (nada tiene que ver con el problema que nos ocupa).

En tercer lugar, los manuales de la web dejan mucho que desear ya que omiten la explicación de cómo rellenar los datos que solicitan al utilizar el asistente para archivos HTML, por lo que no sirven para nada.

Nuestra consulta va dirigida a poder remitir al Servicio de Empleo los periodos cortos de trabajo de los trabajadores fijos discontinuos cuando ya han terminado la campaña y se les hace un llamamiento de pocos días. Estos trabajadores están percibiendo algún tipo de prestaciones por lo que tienen que paralizar su cobro y volverlo a reanudar. Según entendemos es para estos casos que se pone en marcha las “Comunicaciones de actividad de trabajadores fijos discontinuos” y no entendemos cómo es posible que nadie sepa darnos una respuesta para una aplicación que está disponible en la web de Redtrabaj@.

Saludos,

¡Ajá! No os lo vais a creer pero dio resultado, seguramente le toqué la moral y por fin respondió a mi demanda:

El teléfono (aquí el número) debe dar respuesta a las consultas de Certific@2 de las empresas como puede ver en (aquí la dirección de la web).

Aunque esta unidad no atiende directamente a empresas, seguidamente respondemos a sus cuestiones:

1)      Sí, se refiere a los indicados en el fichero TKCOEFI. El coeficiente multiplicador para el cálculo de días de prestación sólo se aplica en ERES de suspensión de días sueltos y en algunos regímenes distintos del RGSS. Fuera de estos casos, no se multiplica el número de días de prestación por ningún coeficiente distinto de 1.

2)      Periodo de actividad: el mes sobre el que se manda la comunicación.

3)      Intervalo de actividad: los rangos de días en los que se divide el periodo. Por ejemplo, el mes de marzo (periodo de actividad) se podría dividir en 3 intervalos (del 1 al 5 de trabajo, del 6 al 20 de prestación y del 21 al 31 de trabajo).

4)      Fecha de situación de actividad: la fecha de inicio y fin de los intervalos.

Atentamente.

Y digo yo ¿no podría haberme respondido así la primera vez? ¿no debería llamar al servicio de atención a empresa y ponerlos firmes?

Al menos me sirvió para saber qué hacer de ahora en adelante cada vez que me encuentre con incompetentes… tocarles las pelotas hasta que no les quede más cojones que hacer su trabajo como corresponde, que para eso les pagamos.

PD: Disculpad la extensión del post pero me resultó imposible reducirlo.

lunes, 4 de abril de 2011

Política y más



El jueves por la noche acudí a un acto político. Ni se (ni quiero contarlos) los años que han pasado desde la última vez que lo hice. Pero éste era algo especial, al que debía y quería asistir: una de mis mejores amigas, a la que conozco desde hace más de 30 años, presentaba su candidatura como cabeza de lista para las elecciones municipales de su localidad, por el PSOE. El partido era lo de menos, lo que pretendía con mi presencia era darle todo mi apoyo a la nueva tarea que se propone emprender, infundirle ánimo y confianza.

Mi amiga es una mujer honesta y honrada a carta cabal, seria, responsable en su trabajo, eficiente, vital, intachable. Goza de la confianza de sus vecinos y conocidos. Posee un carácter afable, y resulta francamente difícil “sacarle de sus casillas”. Sabe escuchar a los demás pero sin dejarse ningunear. Tienes muchas posibilidades para convertirse en Alcaldesa de su pueblo, y estoy segura de que en ese caso, puede desarrollar una muy buena gestión, si le dejan. Eso es lo que quise transmitirle acompañándola en ese acto tan importante para ella.

Estaba muy guapa, pero no con esa belleza fruto de un buen maquillaje (que también), si no con la que nace en el interior y se refleja en el rostro, haciendo que la piel aparezca tersa y brillante y los ojos se llenen de una luz que ilumina todo a su alrededor. Noté que estaba ilusionada y feliz, que cree firmemente en que puede mejorar la gestión municipal en su pueblo, que guarda la incertidumbre de esta nueva etapa de su vida, escondida en algún profundo rincón de su mente.

Su intervención fue sencilla, un corto discurso sereno, carente de exaltaciones al partido ni virulentos mensajes en contra de la oposición. Habló de sus proyectos, de su firme propósito de escuchar a sus convecinos, de transparencia, de honradez…

Cuando terminó su discurso nada me retenía allí, pero me quedé sentada hasta que aquello terminase. Habría tenido más que suficiente con la intervención del secretario del partido en el municipio, casi un mitin repleto de críticas a la oposición, salpicado con frases agresivas que para nada se correspondían con el acto que se estaba celebrando. Después le tocó el turno a la alcaldesa de otro municipio, y candidata en las listas del partido para las autonómicas. A la mujer se le notaba que tenía algunas tablas, salpicó su discurso de algunos toques de humor, alabó la gestión (a todos los niveles) de su partido en la oposición, y por supuesto criticó al gobierno actual de la Generalitat. Pero sobre todo, no olvidó apoyar a la verdadera protagonista de la noche, sabía a lo que había venido.  

No dejará de sorprenderme la facilidad que tienen los políticos para medir con distinto rasero las acciones de sus representantes y las de sus oponentes. Es increíble. No sé si de verdad creen en lo que dicen o su cinismo no tiene límite. Perdí la cuenta de las veces que escuché aquello de: amigos y amigas, vecinos y vecinas, valencianos y valencianas, nuestros diputados y diputadas, ministros y ministras… ya pensaba que dirían “votantos y votantas”, pero no, que “votantes” es del género neutro. Así que una intervención que podría durar 10 minutos se convierten en 20 por obra y gracia de la igualdad de sexos. Y es que de verdad creen que así demuestran que la tan cacareada igualdad es un hecho cierto… ¡chorradas!

¿Algún partido de los grandes ha nombrado en sus discursos, en sus proyectos, el equiparar algún día las pensiones de viudedad? Eso sería un gran paso hacia la igualdad.

Mi padre empezó a trabajar siendo apenas un crío en las minas asturianas, se casó joven y decidió, con su mujer, venir a Valencia. Aquí encontró trabajo en la metalurgia y se quedó en la misma empresa hasta que cerró en una de tantas crisis de la construcción. Tenía 58 años. Mientras él trabajaba para traer el sustento a casa, mi madre hacía milagros para que siempre hubiese un plato de caliente en la mesa, cuidar de su marido y sus tres hijas, ahorrar para poder pagar la hipoteca de un piso que tanto sacrificio les costó comprar, que nosotras estudiásemos en el único colegio privado de mi pueblo y que jamás nos sintiésemos inferiores a nuestros compañeros de clase. Los sábados se levantaba a las seis de la mañana para ir al mercado central de Valencia, venía cargada con la compra para toda la semana, sabiendo que en esos viajes ahorraba unos cuantos duros. Confeccionaba la ropa de toda la familia, tejía nuestros jerséis y chaquetas, nos cortaba el pelo… y cientos y cientos de tareas que no se pagan con dinero, no cotizan a la seguridad social, ni por lo que parece hace grande un país.

A los sesenta, mi padre pudo jubilarse con el cien por cien de su pensión, gracias a los años como minero. No era una gran pensión, pero sí lo suficiente para vivir él y mi madre cómodamente, disfrutando de algún viaje de vacaciones cada año, y sin pasar estrecheces. Poco le duró el disfrute, fallecía cuando acababa de cumplir los sesenta y cinco. Y a mi madre le cambió la vida.

A la pena de haber perdido a su compañero de toda la vida, se sumó la preocupación por la situación económica en la que, de pronto, se vio inmersa, ya que la pensión se redujo a casi a la mitad y en este caso, pasó a cobrar la mínima establecida,  y la rabia y la impotencia ante la injusticia que esto supone. Es como si a una le dijeran que como el hombre que la mantuvo durante toda su vida ha fallecido, ella sólo merece esa especie de limosna que el estado tiene a bien otorgarle, como si todos los años dedicados a su hogar, a su familia, a nadie le importasen. Supongo que una llega a sentirse un ciudadano de segunda, una simple comparsa del hombre con el que ha compartido penas y alegrías durante tantos años. Un hombre que de ser el viudo,  disfrutaría de su pensión completa.

Seguro que como mi madre, miles de mujeres en España han pasado y pasarán por la misma situación, sobre todo las madres de mi generación que se dedicaron en exclusiva al cuidado de los suyos y a que a día de hoy siguen haciendo milagros para que la exigua paga les llegue a final de mes. Menos mal que ya están acostumbradas.

Mientras estas situaciones, y algunas otras, no sufran ninguna alteración, no me hablen de igualdad, señores y señoras políticos y políticas, no es que me llamen ciudadana o ciudadano lo que me quita el sueño, a ver si se enteran de una puta vez.

domingo, 3 de abril de 2011

En plena faena


Porque no solo de juergas, comilones, traca, petardos, plantá y cremá vive el fallero. Porque a veces toca subir al escenario y hacer que el público se divierta. Porque todos llevamos a un pequeño artista escondido. ¡Bravo, chicos!

lunes, 28 de marzo de 2011

No quisiera que lloviera AUTOR: CRISTINA PERI ROSSI



No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Bienvenidos a...


... donde tus pecados serán perdonados (sin penitencia previa).

martes, 22 de marzo de 2011

Cualquier parecido con la realidad...




La mujer sube renqueante las escaleras, para en cada rellano, cada día le cuesta más llegar a su piso, el cuarto, un cuarto sin ascensor. Después de tres horas de pie planchando en una de las casas a las que acude tres días por semana, tiene las piernas como botas y apenas puede doblar las rodillas. ¡Puta vida! Piensa, mientras mira hacia arriba contando mentalmente los escalones que se le hacen interminables. A sus setenta y tres años debe seguir trabajando, aunque se le vaya la vida en ello, la mísera pensión que le quedó después de pagar durante años y años el seguro de empleada de hogar, apenas le da para nada. Desde los nueve lleva fregando la mierda de los demás, día tras día, sin vacaciones ni derecho a ponerse enferma. Tenía la esperanza de pasar una vejez tranquila, sin lujos ni apreturas, pero la suerte siempre le dio la espalda. El marido vegeta aquejado de Alzheimer en una clínica que se le chupa la pensión, así que ella tiene que ingeniárselas para que no falte en la mesa un plato de comida. Hace unos días acudió a los servicios sociales del ayuntamiento a ver si podía recibir alguna ayuda, para pagar el recibo de la luz, o el abono social ese que dicen que no pagas la basura y el agua, cualquier cosa por pequeña que fuese le vendría bien. Pero aquella chica cuando se enteró que vivió con ella su hijo soltero, le dijo que ya se podía olvidar de ayudas. Y ¿qué iba a hacer ella? ¿Echar a su hijo de casa? ¿Construir un zulo en el piso y esconderle de por vida? Bastante tiene el pobre, todo el día en la calle buscando trabajo, que desde que se paró la construcción va dando bandazos de un lado a otro y no hay forma. Dentro de nada se le acaba el subsidio y ella no sabe cómo se van a apañar los dos.  ¡Puta vida! Tampoco la hija está en disposición de ayudarla con el marido también en el paro, ella cobrando 300 euros miserables mientras espera que la seguridad social se decida a operarla de una rodilla destrozada por la artrosis y dos hijos que mantener. Ya casi está llegando.

Al lado de la mujer vive una pareja de marroquíes, un matrimonio joven con tres hijos y el que viene. Él trabajó una temporada en la construcción y ahora está cobrando el subsidio de desempleo, mientras hace algunas chapuzas por su cuenta, igual le da lucir una pared, cambiar un grifo o poner un enchufe. No es experto en nada pero cobra poco y en tiempos de crisis la gente se tira a lo barato, aunque el resultado no sea el esperado. Está pensando en montar una frutería con uno de sus primos, anda mirando las ayudas que concede el ayuntamiento para montar un negocio. Ella no trabaja, se ocupa de la casa y los niños, aunque los dos mayores se quedan a comer en el colegio, la comida es gratis y después de mucho protestar han conseguido que les preparen menú musulmán, así que ella se queda en casa con el pequeño y si hace buen día le lleva un rato al parque. Los jueves por la tarde, coge el carro de la compra y se acerca hasta Caritas, allí les dan comida suficiente para la semana, leche, aceite, arroz… un vale para carne y pescado, y otro para el recibo de la luz. Cuando tiene algún problema se acerca a los Servicios Sociales, donde una chica muy amable siempre intenta ayudarla, hasta una vez que estuvo con gripe en cama, le recogían a los niños en el colegio y se los llevaban a casa. No se vive mal aquí, piensa a menudo, siempre tienen algo que echarse a la boca, incluso a veces le manda algo de dinero a su madre que sigue allá pasando calamidades.

Por fin, respira la mujer aliviada, pensaba que no llegaba. Cuando mete la llave en la cerradura, ve a su vecina salir con los niños. La mira con rabia. No es justo, piensa. ¿Dónde estaban estos cuando, siendo una cría apenas, me despellejaba las rodillas fregando suelos? ¿Por qué  sólo por venir de fuera tienen derecho a todo? ¿Y yo? Mira a los niños y se le ablanda la mirada, sabe que no es culpa de ellos, pero no puede evitar sentir como si algo le revolviese las entrañas cada vez que se los cruza en la escalera. ¿Qué hará cuando a su hijo se le termine el paro? ¿Se pondrá a pedir limosna en la puerta del ayuntamiento? ¿Para qué tanto trabajo, tanto sufrimiento? ¿Para qué? Jamás pensó que viviría una vejez tan miserable. Los niños parecen asustados y pasan por su lado agarrándose a esa especie de túnica que lleva su madre, y ella está a punto de llorar. Se mete en casa precipitadamente, no va a permitir que la morita sienta lástima de ella. Hasta ahí podíamos llegar.

Siente la mirada de la mujer clavada en la espalda mientras saca el carrito del bebé. Se va un rato al parque con los niños para que se distraigan hasta la hora de la cena. Siente el odio que le atraviesa las costillas, la rabia contenida. Por la mañana temprano la oye salir de casa, y a veces se asoma por la mirilla y se queda allí mirando cómo se agarra a la barandilla y baja con cuidado cada escalón. No debería trabajar tanto, pero seguramente es una de esas mujeres que nunca tienen bastante, porque seguro que cobra una pensión como todos los jubilados en este país. Tiene casa, hijos y nietos para cuidarla ¿por qué no piensa en descansar tranquila? No puede entender a estas mujeres que la miran con desprecio. Ella no tiene la culpa de que vivan como esclavas, trabajando en oficinas, tiendas, almacenes, fábricas… y luego en casa. Se concentra en bajar la escalera cargada con el carrito del bebé, vigilando a los pequeños para que no acaben rodando por los escalones y cuidando de no tropezar y acabar ella también por el suelo. Se olvida de la vieja.

domingo, 6 de marzo de 2011

Teatro: Tibidabo



Cristina Clemente, autora de "Tibidabo" nos cuenta la historia de dos jóvenes hermanas, Eli y Marta, que en un diálogo directo con el público hablan sobre cómo les cambia la vida cuando a su madre le diagnostican Alzheimer.

Las actrices Alejandra Mandli, Cristina Fernández y María Maroto, éstas últimas conocidas por su trabajo en "L'Alquería Blanca" nos meten de lleno en la historia de una forma dinámica, entretenida e incluso con cierto toque de humor, dentro de la gravedad del problema. Su único objetivo es ocultar la enfermedad a sus padres, intentando preservar su felicidad. Y para ello no dudan en poner patas arriba su vida.

Emociona en ciertos momentos y en otros, la tensión se rompe con algunas situaciones que llegan a provocar la risa, pero sobre todo logra llevar a la reflexión, a entender un poco mejor el proceso de esta enfermedad y lo doloroso que resulta para la familia.

Cuando el fatal desenlace se produce, se dan cuenta de cuánto les ha absorbido y el vacío que se ha creado en sus vidas que durante un tiempo han girado única y exclusivamente alrededor de su madre enferma.

Excelente trabajo el de estas tres jóvenes actrices que logran atraer la atención del espectador desde el primer al último minuto.

sábado, 5 de marzo de 2011

Sucedió que el amor (Final)


(Amor fugitivo de Rodin)


Apenas hablamos durante nuestro encuentro, así que no sabía cuáles eran sus planes. Lo más probable es que volviese con su pueblo en cuanto se recuperase del largo viaje. Me dije a mi misma que era lo mejor que podría ocurrir, haríamos el amor mientras permaneciese con nosotros y para cuando decidiese marcharse ya me habría cansado de él.

Pasé la mañana en la cabaña poniendo un poco de orden, preparé una buena olla de verduras, que mi esposo acababa de recolectar, y añadí gruesos trozos de carne, encendí el fuego y lo dejé haciéndose lentamente mientras me acercaba al río para darme un baño. Quería estar sola y quitarme el salitre del mar que llevaba pegado a la piel. Nos bañábamos en un meandro ancho y profundo de aguas tranquilas que se arremolinaban un poco más abajo adquiriendo velocidad hasta un poco antes de llegar a su desembocadura donde volvían a apaciguarse para buscar el contacto con el mar. El agua estaba helada, y los peces me rozaban las piernas al pasar junto a mí. Me froté el cuerpo y el pelo con un trozo de jabón de los que mi madre me enseñó a fabricar, y me sumergí luego en las aguas serenas y transparentes. Cuando emergí a la superficie vi a mi esposo sentado en la orilla mirándome.

- Estás preciosa – volvió a decir.

Le besé suavemente los labios.

- Creo que Kadir quiere establecerse aquí – dijo de pronto – no con nosotros, en nuestro pueblo, pretende construirse una cabaña en el bosque y empezar una nueva vida. No va a volver con su pueblo. Ha solicitado nuestra ayuda para enseñarle a trabajar la madera, a cambio contribuirá a aprovisionarnos de carne, parece que es un buen cazador.

Yo permanecía en silencio, escuchándole. Acercó su mano a mi rostro y lo alzó hasta que consiguió que le mirase a los ojos.

- ¿Te has enamorado o sólo le deseas? A mi puedes contármelo, aceptaré tu decisión, pero temo por ti, no quiero que sufras, no deseo que te alejes de mí.

- Efrén, esposo mío, no se lo qué me pasa, no puedo darle nombre a esto que siento, pero se que no lo sentí jamás. He sido feliz a tu lado, muy feliz, pero no quiero engañarte, solo pienso en él, mi corazón, mi piel, mi sexo le añoran cada segundo que no le tengo cerca. Ayúdame, no quiero tener que marcharme lejos, no podría abandonar a mis hijos, me moriría. Moriré de igual modo si tengo que renunciar a él. Pero eso es lo que yo siento, no se lo que siente él.

Nuestro pueblo se equivoca, Efrén, no pueden prohibir un sentimiento. Nuestra felicidad no será plena jamás. Sí, el amor es sufrimiento a veces, como la vida ¿no sufres cuando se nos va un ser querido? ¿no sufres cuando alguien enferma? Pero también es alegría, una alegría que no se puede comparar con ninguna otra, sólo se puede entender cuando se siente. Somos los hombres los que ensuciamos el amor, con celos, rencores, venganzas… Debemos enseñar a nuestros hijos que amar no es un castigo de los dioses, pero que tampoco se puede obligar a alguien a amarnos sólo porque nosotros lo deseemos, debemos enseñarles que es un sentimiento libre, que si algún día tienen la suerte de encontrar el amor, quizá sea para siempre, o quizá no. Y que si eso ocurre, deben aprender a aceptarlo y dejar que la persona amada encuentre el amor de nuevo, y darse ellos la oportunidad de hacer lo mismo.

- Espera aquí – dice mientras me acerca una piel que ha traído con él y se levanta para marcharse.

Permanezco sentada esperando a Efrén, preguntándome dónde ha ido tan de repente cuando escucho pisadas a mi espalda. Es Kadir que se acerca sonriente. Se sienta frente a mí y toma mis manos.

- Te amo – dice mirándome a los ojos – pensé que no podía ocurrirme algo así, pero ha ocurrido. No voy a separarme de ti, no ahora que te he encontrado. Deseo con toda mi alma empezar una nueva vida a tu lado. No te voy a pedir que nos marchemos lejos de aquí, no voy a obligarte a abandonar a tus hijos. Podemos formar nuestro propio pueblo, muchos seguirán nuestro ejemplo, estoy seguro. No habrá prohibiciones, nuestros hijos serán libres para amar, podemos hacerlo.

Las lágrimas han ido resbalando por mis mejillas, y él acerca su boca para beberlas. Le abrazo con fuerza y se que mientras nos amemos estaremos juntos venciendo todas las dificultades, se que es ahora cuando empieza mi vida.

Los ancianos de la tribu hablaban del amor, alertaban a los jóvenes imberbes y a las niñas a punto de menstruar sobre los peligros de ese sentimiento maldito, fruto de una imaginación demoníaca que destruiría para siempre su libertad.

Les observo sonriente, escondida tras el tronco de un árbol. Cada vez son menos jóvenes los que acuden a escucharles. Nuestro pueblo del bosque se va nutriendo con nuevas parejas de enamorados, Efrén y Merine viven también con nosotros, por fin ella se atrevió a confesarle su amor. Al atardecer nuestros niños se sientan alrededor de la hoguera a escuchar los cuentos que narramos los adultos, sin miedos ni tabúes.

Nuestros niños aprenden, poco a poco, a vivir y a amar en libertad.

martes, 15 de febrero de 2011

Sucedió que el amor (Cuatro y penúltimo)


Dormitaba arrebujada entre las pieles, sentía sobre los párpados cerrados la claridad que empezaba a sustituir las tinieblas con las primeras luces del alba. Un soplo cálido en el cuello y las orejas me produjo un escalofrío que recorrió mi cuerpo desde los pies hasta la raíz del cabello. Apreté los ojos con fuerza, fuera lo que fuera aquello que tenía tan cerca, no quería verlo. Seguro que había sido cosa de mi imaginación. Se volvió a repetir. Cuando por fin abrí los ojos, se perdieron en un par de pupilas como dos grandes aguamarinas que me atraparon sin remedio.

Kadir… algo en mi corazón, o más adentro, me decía que era él el dueño de esos ojos que me envolvían con su mirada dulce y ardiente. No le había visto antes, pero era él, estaba segura. Y de pronto sus dedos se dedicaron a dibujar mi rostro, recorriendo despacio los párpados, la frente, la nariz, los labios, las orejas… bajaban por el cuello y desandaban el camino recorrido hasta empezar de nuevo. Y yo temblando, temblando como una hoja mientras un fuego abrasador empezaba a quemarme por dentro.

No dejé de mirarme en sus ojos cuando acercó sus labios a los míos, Eran suaves, suaves y dulces. Y besaban despacio rozándome apenas, hasta que se entreabrieron los míos y su lengua sinuosa exploró cada rincón de mi boca. Después la abandonó para perderse cuello abajo. Pensé, quizá durante un segundo, que aquello era una locura a la que debía poner fin ahora que todavía estaba a tiempo ¿lo estaba? No pude responder, su lengua se perdía ya entre mis pechos, buscando mis pezones erectos, duros como rocas. No, no lo estaba, era a él sin duda a quien esperaba cada mañana. Mis pensamientos se desvanecían al tiempo que su boca recorría mi cuerpo, demorándose en el hueco de mi ombligo, bajando hacia el monte de venus, abriendo suavemente mis piernas para perderse en las profundidades de mi sexo, que dotado de vida propia se alzaba en busca de la calidez de su lengua. Me deshice en agua en su boca, violentas oleadas de placer me estremecían. Él seguía lamiendo, bebiendo los jugos que intentaban escurrirse por mis piernas antes de ser atrapadas por sus labios.

Sin darme un respiro, sentí su sexo abriéndose paso con urgencia. Sus embestidas competían con las olas que habían empezado a romper contra las rocas. El rugido del mar se fundía con nuestros gemidos, intentando acallarlos, enmudecerlos. Era inútil, nuestras voces se unieron en un grito de placer, casi agónico, que se extendió sobre el mar, hacia el horizonte.

No se cuánto tiempo permanecimos abrazados, acariciándonos suavemente, pero cuando miré hacia fuera, el sol ya estaba alto en el cielo. Le cogí de la mano y juntos nos tiramos al agua. Estaba fría y nuestras pieles ardientes parecían desprender vapor, igual que las piedras del hogar cuando las mojamos para apagar el fuego. Algunos pescadores ya se habían echado a la mar, buscando los mejores bancos de peces. Veíamos sus diminutas canoas planeando sobre el horizonte, mientras nuestras bocas saladas no querían separarse. Me escapé de su abrazo y volví a la gruta. Me enrollé en la piel y salí de allí sin darle tiempo a empezar de nuevo.

Le ayudé a alzar la canoa y nos dirigimos al poblado. Nadie preguntaría dónde le había encontrado ni por qué volvía tan tarde de la playa. Mi pueblo amaba y respetaba la libertad de cada uno de sus miembros, nunca se cuestionaban sus acciones, siempre que con ellas no se perjudicase a nadie. Mi pueblo era libre de hacer su voluntad, de seguir sus impulsos, de hacer cualquier cosa que apeteciese a su cuerpo o a su espíritu, cualquier cosa… menos amar. Esa era la única prohibición, el único pecado. Mi esposo habría desayunado con los niños, en nuestra casa o en cualquiera de las otras. Se nos educaba para compartir todo lo que teníamos. Siempre disponíamos de un plato de comida para cualquiera que llamase a nuestra puerta. Algunas mañanas preparaba el desayuno para media docena de niños o tres o cuatro hombres. No preguntaba dónde estaba su esposa, quizá yacía con uno de sus amantes, o se había ido a buscar bayas antes del alba, o simplemente estaba todavía acostada.

Todos se acercaron a recibirnos, los niños corrían gritando, queriendo ser los primeros en acercarse al extranjero. Ya está aquí, ha vuelto – gritaban – mientras se empujaban unos a otros. Le dejé allí entre el gentío y me acerqué a casa. Mi esposo venía hacia mi sonriente, su mano en mi mejilla y sus ojos desprendiendo amor, me hicieron ruborizar. Estás preciosa – me dijo – hacía tiempo que no te veía así, no vuelvas a estar triste, te lo ruego, o moriré de pena. Le di un beso rápido en los labios y me alejé deprisa antes de que las lágrimas corrieran sin control rostro abajo.

Pensé que ya había pasado lo peor, que lo único que deseaba era yacer con Kadir y ya había cumplido mi deseo. Ya está, era eso. Por alguna extraña razón me había sentido atraída hacía él de un modo absurdo. Deseaba con toda mi alma que mi vida volviese a ser como antes, quería vivir tranquila al lado de los míos, borrarle de mi mente y arrancarle de mi corazón. Haría el amor con él hasta que me sintiese hastiada de sus caricias, hasta que se convirtiese en rutina, pura monotonía cuando el deseo se desvanece.

Pero no era más que una mentira en la que quería creer con todas mis fuerzas.

lunes, 17 de enero de 2011

Sucedió que el amor (Tres)


Dormí durante todo el día y toda la noche, de forma intermitente. Extraños sueños poblaron esas horas, en las que de repente me despertaba sudorosa para después de un momento empezar a temblar como una hoja agitada por el viento.

Por la mañana me sentía agotada como si hubiese estado librando una dura batalla. Definitivamente, pensé, aquello no podía haber sido a causa del extranjero, ni de su voz, no, seguramente me encontraba realmente enferma. Y respiré aliviada. ¡Qué tontería lo de suponer que me había enamorado! Nadie se enamora así tan de repente. Me levanté dispuesta a seguir con mi vida de siempre. Mi esposo y mi hijo aún dormían así que aproveché para prepararles un exquisito desayuno.

Durante una semana todo pareció volver a la normalidad, hasta que empecé a inquietarme. Fue algo gradual, me despertaba antes del amanecer y permanecía en vela hasta que la actividad comenzaba a apoderarse del poblado. Al principio me quedaba acostada y quieta, con los ojos cerrados, queriendo evocar los más hermosos recuerdos: la sonrisa de mi hijo, el beso suave de mi esposo al darme las buenas noches, el sol en primavera… pero inevitablemente siempre acababa escuchando la voz de Kadir, abriéndose paso entre mis pensamientos, como el rayo de luz que se cuela entre las tinieblas.

Un día no pude aguantar más y me levanté sigilosamente. Me enrollé en una de las pieles de mi cama y descalza salí de la casa. Sin apenas darme cuenta dirigí mis pasos hacia la playa y me senté allí, frente al mar, mientras el sol empezaba a asomar en el horizonte. Y así continué día tras día. Cada noche, al acostarme, me proponía no volver a hacerlo pero algo demasiado fuerte me empujaba hacia allí.

Pasaba las horas ocupada en las más diversas tareas, a menudo absurdas, intentando mantenerme ocupada. Sabía que mi esposo estaba preocupado por mí, que sentía que yo no era la misma de hace apenas unos meses. Cuando en el lecho, buscaba el calor de mi cuerpo, yo me echaba a temblar… se me hacía tan difícil entregarme a sus caricias. Tenía la sensación de que le estaba engañando. A veces inventaba alguna disculpa que ni yo misma creía, otras consentía y le dejaba hacer. Conocía tan bien mi cuerpo que no le costaba demasiado hacerme gozar, pero nada era como antes. A menudo le sugería que fuese a pasar la noche con Merine, o con alguna de las otras mujeres de la tribu, o que trajese a cualquiera de ellas a nuestro lecho, quería verle feliz, aunque sabía que entre todas ellas siempre me había preferido a mí

Una mañana, al llegar a la playa, decidí pasear por al alrededores. Y así fue como di con una pequeña gruta entre las rocas a la que iba siendo una niña. Casi me había olvidado de su existencia. Allí estaría tranquila, sin peligro de que alguien me descubriese sentada en la playa, día tras día. Decidí que desde ese momento la gruta sería mi refugio. A la mañana siguiente trasladé allí un par de viejas pieles que apenas utilizaba en la cabaña y me senté en un pequeño rincón apoyada en la roca.

A veces me dormía arrullada por el rumor del agua y al despertar, el brillo del sol me cegaba mis ojos. Cuando el mar orgulloso se mostraba en toda su bravura, yo temblaba sin remedio, escudriñando la negrura de sus aguas, con olas inmensas que parecían querer tragarse todo lo que encontraban a su paso. Rogaba a los dioses que Kadir no hubiese salido esa noche a navegar, rezaba y rezaba sin parar, prometiendo cientos de sacrificios si volvía sano y salvo. Luego, cuando volvía la calma, me arrepentía de todas las tonterías que había estado murmurando en la soledad de la gruta.

Por fin, una mañana…

PD. Siento el retraso. Estreno ordenador portátil, espero poder tener un poco más de tiempo, y menos pereza, todo hay que decirlo.



jueves, 23 de diciembre de 2010

martes, 14 de diciembre de 2010

Peña Lotera "Blog REVISTA de García Francés" (inciso)

Aquí está mi aportación.

Yo, DES, acepto participar en la Peña Lotera del Blog Revista de García Francés, para lo cual hago público el número del décimo que aporto. Todos los premios obtenidos entre el total de los números jugados se repartirán a partes iguales entre quienes hayan aceptado estas normas. La relación actualizada de participantes se irá haciendo pública en el Blog Revista de García Francés según ustedes vayan cumpliendo los requisitos.

Lex prima, secunda et tertia de la Tabula Tertia de las Leges Duodecim Tabularum

Ley primera, segunda y tercera, de la Tabla Tercera de las Leyes de las Doce Tablas, que estuvieron vigentes en Roma desde el 450 aC. hasta Justiniano (Siglo VI dC.).

[1] Aeris confessi rebusque iure iudicatis XXX dies iusti sunto.
(Gellius 15, 13, 11; 20, 1, 42-45)

Para el cobro de una deuda que ya ha sido reconocida, y en la cuantía que se haya determinado judicialmente, se concederá un plazo legal de treinta días.

[2] Post deinde manus iniectio esto. In ius ducito.
(Gellius 15, 13, 11; 20, 1, 42-45)

Inmediatamente después de dicho plazo se procederá a la aprensión: se le conducirá (al deudor) ante el magistrado.

[3] Ni iudicatum facit aut quis endo eo in iure uindicit, secum ducito, uincito aut neruo aut compedibus XV pondo, ne maiore aut si uolet minore uincito.

Si el reo no cumple la sentencia y allí mismo nadie sale fiador de su deuda, se lo podrá llevar consigo el demandante, atado con una correa o con cadenas de quince libras de peso; no con menos, e incluso, si así lo quisiere, podrá cargarlo de cadenas más pesadas aún.

Y ahora, a esperar que la Diosa Fortuna nos visite.



viernes, 10 de diciembre de 2010

Sucedió que el amor (Dos)


Aquella mañana amaneció radiante. El sol se abría pasado tímidamente intentando con sus rayos caldear la tierra. Apenas había comenzado la época de las nieves, pero parecía que estuviésemos en primavera, aún cuando el viento venido de las montañas era frío a esas horas tempranas.

En el interior de la cabaña, al calor del hogar, el ambiente era muy agradable. Estaba aireando y colocando las pieles que habíamos utilizado durante la noche, mientras escuchaba las voces de los hombres que cuchicheaban alrededor de las hogueras preparándose para salir de caza y calentando su cuerpo con ricos caldos o infusiones. Los niños, ya despiertos, correteaban gritando y peleando llenos de energía.

Canturreaba quedamente cuando noté el silencio repentino del exterior, roto al instante por el saludo de algún extranjero. Me quedé inmóvil, los brazos aún estirados sosteniendo la piel que me disponía a colocar bien estirada sobre el lecho. Era la voz grave de un hombre, grave e intensa, vocalizaba despacio en nuestro idioma, aunque se notaba que tenía que esforzarse por encontrar las palabras que quería pronunciar. Pronto volvieron a escucharse a los hombres saludando al recién llegado.

Inexplicablemente mi corazón había empezado a latir de forma descontrolada. Sentía el rostro ardiendo y el calor empezaba a sofocarme. Quería concentrarme de nuevo en mi tarea pero algo me lo impedía, era aquella voz que llegaba hasta mí como si su dueño estuviese allí mismo, hablándome al oído.

Una bocanada de aire fresco se coló por la puerta cuando entró mi pequeño como un torbellino:

Mamá, mamá, sal a ver al extranjero. Anda ven – y estiraba de mi mano queriendo arrastrarme con él.

Suelta, suelta, acabarás tirándome. Tengo cosas que hacer, ve a jugar con los otros niños y no molestes a los hombres.

Ven, por favor, tienes que verle. Lleva ropas extrañas, y el cabello… es largo y negro, lleva una trenza larguísima.

Fuera, fuera, fuera – le dí suavemente en el culo empujándole – déjame terminar y ya saldré luego.

Por fin se convence y me quedo mirándole marchar, por la puerta entreabierta. Si me moviese sólo un poco hacia la izquierda vería al grupo de hombres hablando junto a la hoguera, pero no quiero hacerlo. No debo mirar, con escuchar esa voz ya he tenido suficiente. Quiero tranquilizarme pero no puedo, le oigo hablando despacio para hacerse entender. Tiemblo descontroladamente, como si de pronto fuese presa de extrañas fiebres.

Mujer ¿no piensas salir a saludar al extranjero?

Me has asustado – respondo a mi esposo que acaba de asomar por la puerta – me siento indispuesta, creo que voy a tomar algo caliente y acostarme, no se qué me pasa.

¿Estarás otra vez…? – pregunta mientras se acerca a acariciar mi vientre.

No, no creo que sea eso. Quizá cogí algo de frío, estoy mareada. ¿Podrías disculparme ante él?

Sí, esposa mía, no te preocupes, cuando vuelva podrás hacerle los honores.

¿Cuándo vuelva?

Sí… claro, no sabes quien es. ¿Te acuerdas de una niña a la que desterraron con su familia a las tierras del Norte porque la encontraron escondida en el hueco del árbol sagrado con un amigo?

Vagamente.

Claro, tu eras aún muy niña. Bueno, él es su hermano. Pertenece a nuestro pueblo por eso conoce nuestra lengua, su madre les enseñó a hablarla y no quiso que la olvidasen. Finalmente su hermana se desposó con un hombre de las islas del otro lado del mar. Hace años que no la ve y ha emprendido el viaje para reencontrarse con ella, y llevarle algunos presentes que le dejó su madre antes de morir. Se llama Kadir. Le prestaremos una de nuestras canoas para el viaje por mar y nos la devolverá a su vuelta. Acuéstate y descansa, llamaré a Merine para que te prepare uno de sus remedios.

No, antes pídele por favor que disponga comida y agua para nuestro visitante, necesitará provisiones para el viaje, yo puedo esperar, no te inquietes.

Arropada por las suaves pieles intentaba apartar de mi cabeza aquella voz, su nombre, Kadir, Kadir, mientras mi cuerpo se estremecía sin remedio. Las palabras de los sabios de la tribu me aterraban: “El amor es engañoso y recorre caminos sinuosos hasta conseguir su propósito. Se disfraza, se esconde tras un bello rostro, o unos ojos brillantes, quizás una sonrisa tímida o una voz cálida y armoniosa… o una voz… o una voz”

Me desperté asustada entre gemidos. La dulce sonrisa de Merine apenas consiguió tranquilizarme. Sus ojos me miraban interrogantes. Para que no leyera en los míos la respuesta, los cerré fingiendo que dormía.

(Continuará)

viernes, 12 de noviembre de 2010

Sucedió que el amor (Uno)


Los ancianos de la tribu hablaban del amor, alertaban a los jóvenes imberbes y a las niñas a punto de menstruar sobre los peligros de ese sentimiento maldito, fruto de una imaginación demoníaca que destruiría para siempre su libertad. Si dejáis que el amor anide en vuestro corazón, decían, seréis sus esclavos, os convertirá en seres egoístas, capaces de cometer las mayores locuras por la persona amada, ablandará vuestro cerebro hasta hacer de vosotros estúpidos y desgraciados peleles. Los dioses os abandonarán a vuestra suerte y la desgracia caerá sobre vuestras familias. El amor es una cárcel en la que seréis presos y carceleros a un tiempo. Los jóvenes escuchaban atentamente la diatriba de los sabios, atemorizados ante los terribles auspicios que relataban.

Escondida tras los árboles recordaba al escucharles, cuando hace años yo misma estaba sentada en el suelo, alrededor del fuego, temblando de miedo. Ahora vivía feliz, desposada con el hombre que habían elegido para mí y yaciendo cuando me apetecía con otros hombres de la tribu. Estaba bien visto gozar de otros hombres o mujeres, tanto el esposo como la esposa debían tener amantes esporádicos con el fin de no acaparar a su pareja. Si pasado un tiempo razonable desde la ceremonia matrimonial no copulaban con otros, los miembros de la tribu empezaban a sospechar. Se vigilaba a los niños por si sentían alguna predilección en especial, y ante la más mínima sospecha, los padres de la parejita eran obligados a emigrar a tribus distintas, de las varias que habitaban en las montañas, con el fin de que no volvieran a encontrarse.

Hacía unos años, estando recién desposada, llegó hasta nuestro poblado una mujer perteneciente a las tribus del desierto. Caminó durante treinta y cinco lunas, sin comida ni agua, siguiendo a uno de nuestros jóvenes que formaba parte de un grupo que partió hacia aquellas tierras de arena y fuego en visita de buena hermandad, como era costumbre cada cierto tiempo para mantener la paz y la concordia con nuestros vecinos. La joven se había enamorado, eso es lo que dijo, y cuando supo que su amado volvía con los suyos, salió tras él del poblado. La cuidamos y curamos sus heridas, mientras que enviamos un emisario dándoles noticias de ella para tranquilizarles. Parecía imposible que ese cuerpo enflaquecido hubiese podido soportar los rigores del desierto, era como si una fuerza interior la mantuviese con vida. Decidió quedarse con nosotros porque según decía no soportaba la idea de vivir alejada de aquél a quien amaba con toda su alma, pero tampoco pudo soportar que él tuviese otra esposa y varias amantes con las que debía compartirle. Enloqueció de celos hasta el punto de herir con un puñal a una de las jóvenes mientras yacía con el que ella creía sólo suyo.

Recuerdo sus gritos cuando cuatro hombres de su tribu vinieron a llevársela alertados por nuestros mensajes, lloraba desesperadamente mirando a su amado, suplicándole le dejase seguir a su lado, pero todos sabíamos que el amor era su único dueño y que sería incapaz de volver a pensar con sensatez. Yo sentía lástima por ella, y al mismo tiempo una punzada de envidia o quizá curiosidad por saber qué era aquello tan fuerte que le hacía sufrir de ese modo.

Y un día sucedió.

(Continuará)

jueves, 11 de noviembre de 2010

¿Dije jueves?

Tendréis que perdonarme, será mañana, es que llevo un día... que cuando llegan estas horas no me quedan ganas más que de morirme, como decía Doña Paca. Y es que a veces hasta se me olvida respirar, oyes, y tengo que darme una colleja a mi misma: ¡respira, coño, que te ahogas, y el oxígeno no te quita velocidad! Ale, que ya falta poco. Voy a hacer un poco de relajación a ver si consigo ponerme freno.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Me gustan...


Este hombre en el papel de Viriato, su intensa mirada, su media sonrisa, su pelo, su barba, su rabia, su fuerza, su pasión, su ternura... que me gusta y punto.



Y esta canción que me alegra el cuerpo:


Próximo jueves: nueva historia.